Mostrando entradas con la etiqueta hijos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hijos. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de junio de 2015

CARTA A NUESTROS HIJOS: "LLEGARÁ EL DÍA...."

 


Queridos Raquel, Alberto y Jorge:

Llegará el día en el que a mamá y a mí nos veáis viejecitos , y como que ya no somos los mismos de siempre. Os pedimos que tengáis comprensión, que intentéis entendernos. Aceptadnos y perdonadnos, porque entonces, los niños seremos nosotros.

Llegará el día en el que hablemos y repitamos lo mismo mil veces. Por favor, no nos interrumpáis para decirnos “eso ya nos lo habéis contado”, ni nos regañéis. Solamente escuchadnos, por favor. Y recordad cuando erais pequeños y os leíamos el mismo cuento, noche tras noche, hasta que os quedabais dormidos. 

Llegará el día en el que nos tengáis que dar la comida, atarnos los zapatos o ir a buscarnos, tened paciencia. Recordad las horas que pasamos haciendo las mismas cosas para vosotros.

Llegará el día en el que vayamos mal aseados o mal vestidos. No nos regañéis y por favor no tratéis de avergonzarnos, solamente recordad las veces que tuvimos que perseguiros con miles de excusas para que os bañarais u os vistierais, cuando erais pequeños. 

Llegará el día en el que estemos juntos y, sin querer, nos hagamos nuestras necesidades encima. No os avergoncéis y comprended que no tenemos la culpa de ello, pues ya no podremos controlarlas. Recordad cuantas veces, cuando erais niños, os cambiamos los pañales y os ayudamos, pacientemente a vuestro lado, a que terminarais en el orinal.

Llegará el día en el que nuestra ignorancia ante las cosas cotidianas de la vida nos confunda. Dadnos el tiempo necesario para aprender, y por favor no pongáis esos ojos ni esas caras de desesperados. Recordad que os enseñamos a hacer muchas cosas: a comer apropiadamente, a vestiros y peinaros por vosotros mismos, a comprender las matemáticas o a pronunciar el inglés, a cómo afrontar los problemas y lidiar con la vida. 

Llegará el día en el que notéis que perdemos la memoria o el hilo de la conversación. Por favor, dadnos el tiempo necesario para recordar, y si no lo logramos, no os pongáis nerviosos, impacientes o arrogantes. Tal vez no sea importante lo que queramos decir, solamente tened presente en vuestros corazones que lo más importante para nosotros es estar con vosotros, escucharos y que nos escuchéis. 

Llegará el día en el que nuestras cansadas y viejas piernas, no nos dejen caminar como antes. Dadnos vuestras manos, de la misma manera que os las ofrecimos cuando disteis vuestros primeros pasos. Y si nos caemos, nos ayudéis a levantarnos como cuando os llevamos en brazos con las rodillas ensangrentadas o los dientes rotos.

Por último, llegará el día en el que partamos de este mundo para reunirnos con nuestro Padre, en cuya poderosa compañía no hemos de sentir vergüenza. No os pongáis tristes. Algún día entenderéis que nuestra marcha no tiene que ver con vuestro cariño o con cuanto os quisimos. Siempre quisimos lo mejor para vosotros. Perdonarnos, si no siempre fuimos capaces de conseguirlo.

Cuando estos días vengan, no os debéis sentir tristes o impotentes de vernos así, sólo os pedimos que estéis con nosotros, que tratéis de entendernos y ayudarnos con amor mientras llegamos al final de nuestro camino. 

Y con gran cariño y ternura, os lo agradeceremos, a vosotros y a Dios, por el regalo de haberos dado la vida y por haberla compartido con nosotros.

Con una gran sonrisa y con el inmenso amor que siempre os hemos tenido, sólo queremos deciros que nos sentimos muy orgullosos de vosotros.

Papá y Mamá.
Alberto y María José

viernes, 11 de julio de 2014

LAS COSAS QUE NADIE NOS DICE SOBRE SER PADRES





La paternidad y la maternidad han sido calificadas en innumerables ocasiones como una de las experiencias más gratificantes de la vida y que más satisfacciones proporciona. MUY CIERTO!

Todo el mundo alaba las virtudes que supone tener hijos pero nadie te habla de los inconvenientes, como si ello significara, necesariamente, tener que hablar mal de los hijos. 

Ni siquiera hay un manual del "perfecto padre", ni cursos intensivos y aunque tener hijos no te convierte en padre, del mismo modo que tener coche no te convierte en campeón de formula 1, te aseguro que te espabila.



Soy padre de tres hijos y no quiero inclinar la balanza hacia el lado negativo, pero ser padre o madre no es sólo perpetuar el apellido, contar cuentos, hacer ruidos extraños, poner caras raras como forma de comunicarse con tu bebe ni tampoco el orgullo de llevar la foto de tus hijos en la cartera te hace mejor padre. Implica también aspectos menos gratificantes que nos tomaremos con humor pero que es necesario contar:


Tu vida ya no te pertenecerá: no hagas planes y olvídate de tus ideales de hijo

Si eres de esas personas cabales que tienen la vida planeada, incluso antes de tener hijos, debes tener en cuenta que todos esos planes cuidadosamente diseñados se irán al traste en cuanto seas padre. 

Todos idealizamos como serán nuestros hijos: buenos estudiantes, bien educados, niños modelo, grandes deportistas y altamente responsables. Reza porque la verdad es, que para ser padres, hay que tener gran perspectiva, ser muy flexibles y capaces de evolucionar en nuestros ideales. 

Tus hijos serán como sean, no como quieras tú que sean. Y en tu papel de padre, tendrás que aceptarlo. No hay opción.

Comprarás un coche práctico y no él que a ti te guste



Sí, olvídate de ojear las revistas de motor para saber de los últimos modelos biplazas o descapotables. 

Lo que necesitarás es un automóvil práctico, no necesariamente bonito, barato, que consuma poco y grande, muy grande....para meter niños, maletas, bicicletas o pañales y posiblemente... te quede sitio para tus gafas de sol.



Necesitarás un estómago a prueba de bombas

Amigo mío, tendrás que probar "potitos" repugnantes (para que n se queme el bebé) pero, eso sí, con todas la vitaminas, proteínas y minerales que tu hijo necesita para crecer. 

Tendrás que cambiar pañales sí o sí y te digo que no huele bien, pero sale de tu hijo. 

Tendrás que limpiar vómitos de tu camisa o peor aún, de tu coche y el olor irá contigo durante una semana, porque los niños hacen eso y más.


Y engordarás como ni te imaginas, y no por el embarazo, que le corresponde a tu mujer, sino porque comerás comidas de "hijos": pizzas, hot dogs, hamburguesas, pasta, patatas fritas y dulces.

Y tiempo para quemar calorías haciendo deporte o en el gimnasio, sencillamente no tendrás. Todo tu tiempo también les pertenece a ellos.



Te sentirás el peor padre del mundo

Lo creas o no, a todos los padres del mundo se nos ha caído alguna vez nuestro hijo de los brazos o le hemos dado un golpe sin querer, claro. 

Y, en el momento de la tragedia, todos los padres del mundo hemos mirado el chichón en la cabeza de nuestro hijo, y pensado: “Dios mío, ya lo he desgraciado”. 

Pero seamos realistas: quién no ha sufrido de pequeño, chichones en la frente al caerse de la bici, la cabeza ensangrentada como consecuencia de una "drea" (pelea con piedras consistente en abrirle el cráneo al enemigo), rodillas ensangrentadas jugando al fútbol en un campo de arena y piedras, un diente roto al caer de bruces sobre el suelo o los ojos morados producto de una pelea por la chica que nos gusta del cole. 

Pero aquí estamos, vivitos y coleando y razonablemente espabilados, gracias a que nuestros padres nunca se volvieron histéricos ante "cosas normales de la niñez" ni les dieron más importancia que la que tenía. 

Y qué decir de los suspensos en el colegio o si tu hijo es suplente en el equipo de fútbol. 

Cuidado con volverte un hooligan irascible si piensas que tu hijo tiene que ser el nuevo Nadal o el próximo Ronaldo y porque te enfadarás con él y le gritarás al árbitro, y tu hijo odiará el deporte como respuesta a tu frustración cargada sobre sus hombros. 

Sus fracasos serán los tuyos y te dolerán infinitamente más que los propios.




O el mejor padre del mundo

Disfrutarás de sus éxitos más que si fueran propios, te colmarán de orgullo y satisfacción.

Tu hijo es el mejor que existe, son los profesores o los entrenadores los que no están a su altura. 

Te pegarás con el padre del equipo contrario porque la entrada de su hijo casi "mata" al tuyo y todos sabemos que en el fútbol debería haber un árbitro sólo pendiente de que no tocarán a tu hijo.

O con su profesor, porque tu hijo sacó un 9 en "mates", cuando en casa todo el mundo tiene claro que merece un 10 por su esfuerzo, empeño e inteligencia.

Verás sólo series y películas infantiles

No sabrás cuál es la última película de Robert de Niro pero te conocerás los diálogos de Pocoyó o del Rey León como si los hubieras escuchado un millón de veces ( y créeme: es lo que harás).

De hecho, responderás con diálogos de películas Disney en el supermercado, en el banco y en las reuniones de trabajo. 

El visionado en bucle, una y otra vez sin apenas una pausa de segundos entre una proyección y la siguiente, de todas y cada una de las películas de dibujos animados por las que tu hijo se entusiasma y te hace reponer continuamente, hace que termines respondiendo con acento hispanoamericano mientras tu hijo te dice: ponla otra vez papá!.




Hablarás raro y harás muchas tonterías.


Desde un determinado momento, en el que tu hijo empezará a balbucear sólo tú entenderás lo que tu hijo dice y serás el traductor ante los demás (lo de "papá" no lo dice hasta los dos años, no imagines cosas raras antes: la "p" es una letra fácil de vocalizar).

Te tirarás al suelo a jugar con tu hijo, gatearás, emitirás sonidos guturales sin sentido pero que tu hijo entenderá, te pondrás el chupete en la boca, etc., etc.



Olvidate de tu móvil, ipad o portátil


Desde que tengan un cierto uso de razón, te pedirán todas tus herramientas electrónicas porque se aburren o, sencillamente, se los dejarás para que te dejen 5 minutos en paz, mientras te tomas una cerveza.

Y cuando se rompan (porque se romperán al caer de sus manos), irás a por otra versión más potente y actualizada.




Tu coche estará sucio. Muy sucio


Más vale que no sea para ti una herramienta de trabajo o que no tengas que llevar a alguien respetable, porque a partir de ahora el asiento trasero de tu coche se ha convertido en el almacén de tus pequeños "lechones". 

Sí, sí, lo sabemos: eres un padre estricto y pondrás reglas. 

Te lo advierto: no servirán de nada. “Prohibido comer en el coche, prohibidos los rotuladores en el coche, prohibido vomitar en el coche…”. 

Todo para que el día que tu jefe tenga su coche en el taller y te acabe pidiendo que le acerques se baje de él con una patata frita pegada en el trasero.



Te convertirás en un fantasma nocturno

Bueno, a partir del momento en que tienes un hijo tu vida adulta, tu vida propia, la parte de tu vida que de algún modo te pertenece, sólo tendrá lugar en unos ciertos periodos de tiempo efímeros: cuando el niño esté dormido. 

De manera que, en cuanto el pequeño cierra los ojos y respira hondo en un gesto de satisfacción y profundidad, tu pareja y tú os convertís en fantasmas, salís y entráis casi levitando de su habitación, andáis descalzos, habláis bajito y, si no fuera por las ojeras evidentes, la mancha de papilla en la camisa y porque estáis en pijama, cualquiera diría que sois unos ladrones atracando en la casa.



Dormirás poco o en todo caso, en la oficina

Olvida aquellas maravillosas noches de la vida de soltero, cuando dormías cuánto se te antojaba y que no despertabas en medio de la noche por nada ni por nadie. sólo el sol del mediodía te levantaba.

Una vez que tienes hijos, tus horarios de sueño nunca volverán a ser los mismos, ya sea por el llanto del niño cuando es pequeño, por las pesadillas nocturnas, por causa de una enfermedad o cuando son más grandes por tener que ir a buscarlo a alguna fiesta. 

Es decir, no volverás a dormir lo mismo ni seguido durante los próximos 25 años de tu vida (por ser optimista).

Cuando son pequeños, te despertarás cada tres horas, tres veces: dos, cuando llore y la tercera, para darle de comer.

Según van creciendo, lo harás a las cuatro de la mañana al grito de “¡Mamáaaaaaa, tengo sed!”   (siempre la llaman a ella, pero la que te da con el codo para que te levantes es ella) para ir a la cocina a por un vaso de agua o un cola-cao. 

Todo para volver al cuarto de tu hijo y hallarlo profundamente dormido: ¡Qué mono cuando duerme! Y ya no conciliarás el sueño de nuevo.

Si se te ocurre no responder a la primera, porque estás dormido, volverá a gritar a los 30 segundos: "¡Mamáaaaa, tengo miedo!, entonces te tocará entretenerle contándole un cuento o una aventura y posiblemente (¡seguro!) te dormirás antes que él. 

Pasarás alguna temporada así, durmiendo con él en su cama en vez de con tu mujer.

Peor será cuando crezcan y salgan "de fiesta". Entonces no dormirás nada hasta que no oigas la llave de la puerta o la luz del pasillo a las 7:30 de la mañana. Ellos te dirán: pero ¿qué más te da dónde esté o a que hora llegue? Estoy de fiesta!. Y tú callarás y pensarás: (yo hacía lo mismo).


Hablar con amigos sin hijos será… una tristeza

“Pues sí, tío, anoche estuvimos en el garito nuevo, ese tan de moda y conocimos a unas chicas buenísimas, nos dieron sus números y tal, a ver si las llamamos, y quedamos este viernes con ellas…y ¿tú qué hiciste anoche?”. 

Tras reflexionarlo durante unos segundos, te das cuenta de la triste vida de un padre: anoche cambiaste un par de pañales, preparaste un biberón, acunaste durante mucho rato a tu criaturita y te quedaste dormido sobre la barandilla de la cuna. En fin, un "fiestón".

Tu teléfono dejará de sonar para invitarte a salir "de marcha". Los padres NO hacen "eso".


Ganarás dinero sólo para ellos

Todo el dinero que ganes es de y para tus hijos: desde el momento del nacimiento en canastillas, pañales, papillas, leche, potitos, juguetes, ropa, bautizo, más ropa, guardería, uniformes, más juguetes y más comida, libros, más ropa, colegio, 1ª comunión, más ropa y más comida, paga semanal, viaje fin de curso, más ropa, universidad, boda, más ropa.........

Por eso, se te acabarán los días de comprar para ti. Cuida bien la ropa que tienes en tu armario porque te tiene que durar al menos una década.

Poco a poco y sin darte cuenta, estarás más tiempo mirando las ofertas de ropa de niños que la de adultos. Te harás un experto en bodies, patucos, peleles, etc.

Te reirás de todo

Más que nunca en tu vida. De cualquier cosa. De que un globo si lo inflas demasiado, explota, de que tu pareja se ha dado un golpe, del moquito que le sale a tu hijo cuando está acatarrado, de que la caja de los juguetes no cabe en el cajón. De que tu hijo se ríe. De todo.

Te volverás como tus padres, que ya no serán tus padres, sino los abuelos

Rígido, disciplinario con ellos y sobre todo, con los abuelos, a quienes no permitirás los caprichos que por derecho les corresponde dar a sus nietos.

Alucinarás de cómo eran cuando eran tus padres y de cómo son ahora que son los abuelos.

No les reconocerás.




No tendrás vida de pareja

Se acabaron las cenas románticas o las salidas a bailar o con amigos. Tu tiempo pertenece a tus hijos. 

El romanticismo con tu pareja se limitará a mirar juntos de la mano y con ternura a vuestro hijo mientras duerme o juega.

Todas tus actividades girarán en torno a la felicidad y gustos de vuestros hijos, para al cabo de unos años,  se "echen" novia y os abandonen para empezar a hacer lo mismo que vosotros.


Te convertirás en profesor o  en alumno, de nuevo

Tendrás que volver a recordar (si es que puedes) lo qué era el mínimo común múltiplo, las ecuaciones de todos los grados o las vertientes de los ríos españoles. 

Y otras muchas cosas nuevas que no sabias ni que existían.

Los deberes son más cosa tuya que de tu hijo y de ti dependerá que sea un buen estudiante y por ende, un hombre de provecho.



Y aún hay más, mucho más, pero es mejor que lo descubras tú mismo, cuando seas padre.

Pero, sí te digo algo.......VALE LA PENA.



 



No existe nada tan tierno como el amor entre un padre y un hijo.



domingo, 8 de septiembre de 2013

FAMILIAS NUMEROSAS: ¿LOCOS O HÉROES?





En España hay alrededor de un millón de familias numerosas que representan el 15% de la población. Es decir, que el 85% de la población tiene uno o dos hijos, como máximo. Las familias numerosas son las más estables: sólo un 3% de las rupturas matrimoniales se dan en familias numerosas con hijos menores, mientras que el 46% de las rupturas son de matrimonios sin hijos.

Escasas y deficientes ayudas a las Familias Numerosas.
A pesar de la importancia de la familia y sus funciones, acentuadas en las familias numerosas con sus necesidades especiales, en España la política familiar de ayudas es casi inexistente y lamentable, confundiendo ayudas familiares con ayudas sociales, imponiendo límites de renta que excluyen a la inmensa mayoría de las familias, aplicando una fiscalidad claramente negativa, manteniendo congeladas o eliminando incluso las pocas ayudas que existen.

Para las Familias Numerosas esta situación se agrava ya que, a pesar de tener unas mayores cargas familiares, existen muy pocas ayudas reales. De hecho, la Ley del 2003 (recortada aún más por su Reglamento) sólo reconoce:

a) Una bonificación del 45% en la cuota de la Seguridad Social por cuidadores, si los padres trabajan.
b) Derecho de preferencia (a concretar) en becas, admisión en centros educativos, viviendas protegidas y albergues y otros centros cívicos.
c) Régimen de exenciones y bonificaciones (a concretar) en transportes, bienes y servicios culturales y de ocio; y pruebas de acceso a la función pública.
d) 50% (o 100%) en tasas de matriculación, diplomas, etc
e) Viviendas protegidas: aumento de límite ingresos y superficie, preferencia en préstamos, etc. Facilitar el cambio o adaptación de vivienda cuando haya cambios que lo demanden.
f) Beneficios generales: beneficios fiscales que compensen sus cargas y la conciliación.

En muchos casos hasta estas mínimas ayudas son papel mojado:
- El descuento en ciertos transportes es igual o menor que el bono o los billetes de ida-vuelta, con lo que se desvirtúan. Además, a veces los engorrosos requisitos para hacerlos efectivos terminan de anular su posible utilidad.
- Hay museos que añaden exigencias suplementarias como que vayan al menos un padre y 3 hijos para hacer el descuento, etc.
- El IRPF establece un pequeño incremento en el mínimo familiar para 3º, 4º y siguientes hijos, que es mucho menor que el impacto fiscal de la progresividad sobre la acumulación de rentas de la familia numerosa.


- Hay algunas otras medidas puntuales y poco desarrolladas, como la reducción del impuesto de matriculación para vehículos de cierto tamaño o la posibilidad de reducir el IBI o el consumo doméstico del agua, etc.



Límites restrictivos.

Otro gran defecto de las ayudas es que, si bien la familia obtiene el estatus de numerosa con el tercer hijo, puede perderlo en cuanto el hijo cumpla 21 años o hasta los 25 años si cursa estudios reglados. De esta forma una familia numerosa puede serlo unos pocos años y no disfrutar de esos beneficios, aunque sean escasos. Muchas se encuentran con que los hijos menores no logran alcanzar ni esos escasos beneficios de rebaja en los estudios universitarios.

Especialmente injusta es esta situación en la actualidad, cuando un gran número de hijos sigue viviendo y dependiendo de sus padres. En efecto, existe un grupo importante de familias numerosas de hecho, en el que los hijos han sobrepasado el límite de edad pero siguen dependiendo de los padres –en las últimas décadas se ha ido retrasando notablemente la edad de emancipación de los hijos, siendo que en la actualidad, el 87,8% de los chicos españoles entre 18 y 24 años, y el 41,1% entre 25 y 34 años. Si bien, las familias numerosas especiales tienen derecho a mantener el título aunque los hijos mayores ya no puedan formar parte de la misma, la inmensa mayoría no.
Es necesaria y urgente una reforma en este sentido, además de flexibilizar los límites de edad para pertenecer a la misma, siendo más determinante el hecho de independizarse de la familia.

¿Por qué no se tienen hijos en España?



El índice de natalidad en España es de 1,23 hijos por mujer cuando se necesitan 2,1 para asegurar el reemplazo generacional. Varias son las razones por las que la natalidad en España es una de las más bajas del mundo: 


1º.- Una escala de valores en la que prima el nivel de consumo, que hace ver a los hijos como un estorbo para la consecución de logros económicos. "Los hijos son caros", piensan muchos.

2º La coincidencia entre la edad de triunfar profesionalmente y la edad de tener hijos, con preferencia por explotar la primera. Los hijos son una posesión o un capricho más cuando ya se ha conseguido lo demás.

3º.- Existe la idea generalizada de que la familia y la manutención de los hijos es un “asunto privado” de cada ciudadano, que nada tiene que ver con el futuro del país. 

4º.- A simple vista, la incorporación de la mujer española al mercado laboral parecería ser otro de los motivos, sin embargo, las mujeres que trabajan en el hogar no están resultando más fecundas. Existe una desvalorización social, cultural y económica de la madre de familia numerosa. 

5º.- Así mismo existen en España unos horarios laborales, calendarios escolares y de alimentación nefastos para la convivencia familiar, realizados en su día por hombres que no recogían a sus hijos del colegio ni los llevaban al médico, y que inexplicablemente aún perviven en una España moderna con mujeres en el poder y al frente de grandes empresas. Con un horario europeo, al menos la hora de cenar a las 6 ó 7 de la tarde sería un aliciente para la convivencia familiar. Tampoco los horarios y calendarios escolares de los escolares están compatibilizados con los de sus padres. 

6º.- Un retraso en la edad de casarse, formar pareja o fundar un hogar cuyas causas podrían ser: la prolongación de los estudios, el retraso en la incorporación al mercado 
de trabajo, el temor a perder el nivel de vida que se tiene en casa de los padres y la obsesión de los prometidos por tener vivienda en propiedad. El 53 % de los jóvenes de entre 26 y 29 años viven con sus padres; la edad media de la maternidad en España está en 31 años. 

7º.- La inestabilidad creciente de los matrimonios y la crisis de confianza en la institución matrimonial: ya hay en España anualmente 100.000 divorcios frente a 200.000 matrimonios, y la tasa de divorcios va en aumento. Ya nacen un 34,5% de niños fuera del matrimonio (170.604 bebés), el doble que hace 10 años y en Cataluña uno de cada diez niños sólo vive con un progenitor. 

8º..- La consolidación del aborto como un derecho: se calculan en 50.000 los abortos anuales en España. 

9º.- Finalmente, una difusión y efectividad de las técnicas contraceptivas, que evidentemente han contribuido a la baja natalidad. 

¿Locos o valientes?

Muchos consideran que "tal y como está la vida" tener muchos hijos es una locura, un atraso o una falta de planificación; piensan que las familias numerosas se complican la vida de forma voluntaria y temeraria ya que para muchos.
Alguien definió a la familia como: "la suma de problemas, resta de posibilidades, multiplicación de gastos y división de opiniones". 



Pero en este escenario actual  de crisis,  sea una locura o no, el proyecto familiar que cada uno elige, es algo que pertenece a la esfera de lo más íntimo y personal, y depende de la escala de valores y necesidades, tanto materiales como inmateriales.



Además, en contra de la opinión generalizada hoy en día, tener muchos hijos no siempre es fruto de unas creencias religiosas concretas, sino, sencillamente, se refiere hecho de asumir un gran reto, que dinamiza y fortalece a la sociedad.

Los padres de familia numerosas tienen el pleno convencimiento de que con hermanos, los pequeños crecen en un ambiente de generosidad y convivencia mayor, lo que garantiza un futuro en paz. Los hijos educados en valores son una fuente de apoyo, de cariño, de equilibrio emocional y riqueza personal, que no aporta ninguna otra cosa, por mucho que se les quiera rodear de bienes de consumo o sobreatención personal.

La crisis tiene un significado peculiar cuando se trata de grandes familias. Si bien las dificultades económicas y el paro tienen mayor trascendencia, cuanto mayor es el número de personas que uno tiene a su cargo, las grandes familias tienen más recursos para enfrentarse a la crisis porque estos hogares viven, por lo general, con una mentalidad de "crisis" casi permanente: los recursos son escasos o ajustados y es normal tener que apretarse el cinturón y prescindir de caprichos; comprar formatos ahorro y aprovechar las ofertas es una práctica habitual en esos hogares. 


Además, las familias numerosas suelen formar a los niños en la cultura del reciclaje, el compartir, repartir... Cuando no hay para todo, hay que establecer prioridades y renunciar a ciertas cosas, y eso es algo que los niños aprenden a aceptar desde pequeños y les compensa enormemente.


Ser familia numerosa en época de crisis no es cuestión de ser héroes o inconscientes; somos simplemente valientes, valientes por embarcarnos en esta aventura de tener muchos hijos. Y lo hacemos voluntariamente, porque creemos en ello y lo queremos. Requiere, eso sí, grandes dosis de optimismo e ilusión, porque la falta de apoyos que tenemos en España, a menudo nos obliga a remar a contracorriente, pero el esfuerzo merece la pena. Las familias de gran tamaño absorben gran cantidad de energía y recursos de todo tipo, pero nos devuelven grandes momentos de felicidad, a nosotros y a nuestros hijos.

La importancia de la familia en la economía. 





Desde una óptica economicista, la familia es lo más primordial para el desarrollo del país:



1º.- Es la principal fuente de capital humano: los niños son futuros productores y consumidores de bienes y servicios. 
2º.- La familia es la escuela ética del capital social: donde se forman y educan los futuros ciudadanos, empresarios y trabajadores. Valores como la solidaridad, la disciplina, la capacidad de iniciativa, la generosidad y la convivencia, valiosos para la prosperidad de un país, se aprenden mejor con hermanos. Un país cuya natalidad crece es, por añadidura, un país joven, dinámico y con empuje. 
3º.- Los padres de familia numerosa poseen un espíritu de ahorro y austeridad beneficioso para el Estado. 
4º.- Y por último, el futuro del Estado del Bienestar, de sus pensiones, del sistema sanitario, etc, “descansa enteramente en el nacimiento, manutención y educación de los hijos”.

"Una gran familia de película". 



Los que tenemos una cierta edad recordamos con nostalgia y melancolía aquella película sobre una familia típica española de los años 60: "la gran familia". La entrañable historia de una familia numerosa formada por un matrimonio (Alberto Closas, aparejador pluriempleado y Amparo Soler Leal), quince hijos de todas las edades, un abuelo (José Isbert), un padrino de bautizo de 5 de los hijos (José Luis López Vázquez).
Un pequeño universo, lleno de estímulos, valores y significaciones, de esfuerzo cotidiano por la supervivencia, por conseguir una adecuada y una eficaz preparación para todos y cada uno de los hijos. 


¿Quien de nosotros no lloró cuando, en Navidad, mientras los más pequeños con el abuelo visitan el tradicional mercadillo de la Plaza Mayor, y Chencho, el benjamín de la familia, se pierde?

¿O quién se ha reido con las travesuras que los niños le hacían al "padrino", gran sufridor y benefactor a la vez ?

Es un claro ejemplo de que tener una familia numerosa, es un tremendo problema a la hora de comer, vestir, ir al cine, de vacaciones... con escasez económica pero afrontándolo con grandes dosis de amor y optimismo.




Vídeo:



Bibliografía:

- La Vanguardia.com
-La familia numerosa.com
-La Gaceta.com



miércoles, 28 de agosto de 2013

CRÍA CUERVOS







Desde hace un tiempo, viene produciéndose un aumento significativo del número de agresiones de los hijos hacia sus padres.

Los protagonistas de este fenómeno antinatural, fundamentalmente, son varones adolescentes (3 chicas por cada 10 casos) y, suelen ser de entre 12 y 18 años, (especialmente entre 15 y 17 años) y se da más en familias de clase media y/o alta, es decir, en un entorno claramente favorable desde el punto de vista económico, cultural y educativo.

El tipo de violencia puede ser tanto física como psicológica, desde desplantes o amenazas hasta los insultos, las vejaciones y las agresiones físicas de distinta intensidad.
ü  Las agresiones de los chicos tienen un carácter físico, son más “primarias”, más brutales, llegando a extremos más intensos de violencia física.
ü Las agresiones de las chicas tiene un carácter psicológico más “refinado”, son más escasas y van hacia lo mental y a hacia los sentimientos, y en muchas ocasiones, llegan a afectar seriamente al equilibrio psíquico de los padres.
Las principales víctimas de estas agresiones son las madres debido a una mayor debilidad, más tiempo de contacto de la madre que del padre con los hijos.

Fases del conflicto: En general, los padres aguantan “hasta el final” la violencia generada por los hijos hacia ellos: Al principio, se piensa, equivocadamente, que se trata de un comportamiento normal, motivado por la edad del niño y por sus procesos de afirmación de la personalidad. 
Más adelante, cuando esta violencia se materializa en agresiones que por su intensidad, tipología o continuidad es insoportable y dañina, se cree que es un tema estrictamente de la familia y que en ella debe ser resuelto por el temor de los padres a exponer su fracaso como tales.

Y finalmente, surge la impotencia paterna de pensar que no existen soluciones a la situación, salvo la denuncia ante el juez.



Los tipos de agresores no son excluyentes entre sí, sino que rasgos de todos ellos pueden darse a la vez:




1. tiránicos (hedonistas-nihilistas): constituyen el grupo más amplio de agresores. El incumplimiento de sus exigencias supone el inicio de un altercado que acaba en agresión. En síntesis y literalmente, hacen lo que quieren.

ü  Buscan satisfacción del propio interés, independientemente de cuál sea y de las vías para conseguirlo. "Primero yo y luego yo". Llegan a considerar el domicilio paterno (en el que se encuentran) como un alojamiento con todas las ventajas y ninguna exigencia que cumplir. Utilizan la casa como hotel (los fines de semana los pasan fuera), entienden que la obligación de los padres es alimentarles, lavarles la ropa, dejarles vivir y subvencionarles todas sus necesidades o mejor dicho demandas.

ü  Causan daño y/o molestia continuos.

ü  Utilizan la amenaza y/o agresión permanentes.

ü  Culpabilizan a otros y eluden responsabilidades. Educados en la autosatisfacción, la ausencia de responsabilidades y de exigencias, crecen con la idea de que ellos son “únicos” y llegan a no tener conciencia de la existencia de reglas morales que regulan la convivencia. Los demás son sólo un instrumento para la satisfacción de sus deseos y cuando se resisten a serlo, son un obstáculo con el que hay que enfrentarse e incluso acabar. Niegan que haya pautas de comportamiento exteriores a ellos o que recorten la primacía de lo individual. Culpan a otros de sus errores o acciones.

ü  No aceptan que haya otros puntos de vista o necesidades que cubrir que no sean las propias.

ü  Huyen de cualquier actividad educativa o formativa. Se levantan a las 13 horas, comen, descansan con una reparadora siesta y "a dar vueltas con los colegas".

ü  Se implican con grupo de iguales de conductas "poco aconsejables". Suelen coincidir con grupos formados por individuos con su mismo sistema de vida, “los colegas” y llegan a ser unos auténticos déspotas para con sus padres.


     2. patológicos: su agresividad surge es debida a una mala o incorrecta asimilación de las relaciones de amor-odio, materno-filiales, más allá de los celos edípicos. Pueden llegar a estar dominados por la dependencia de la droga, lo que les lleva a una creciente necesidad de dinero que debe ser satisfecha con la extorsión a los padres, el robo de los bienes familiares, etc.


3. adiestrados o con violencia aprendida: materializan el principio de que “la violencia engendra violencia”. 
Quien desde niño percibe que las situaciones de poder se basan en el uso de la violencia y de que ésta es el único camino para conseguir lo que quiere, no llega a tener conciencia de que hay otros procedimientos, y cuando su edad y su físico se lo permiten, se dedica a “imponer su ley” tal y como la han interiorizado.
En este caso, el hecho de que el padre agreda a la madre ante el hijo pequeño, o que el padre o la madre maltraten porque antes sufrieron maltrato son circunstancias que hacen que el niño interiorice el uso de la violencia contra los padres como instrumento eficaz y procedimiento de “diálogo”. 
A esto también contribuye el hecho de que haya padres que en situaciones de pérdida de equilibrio exterioricen conductas violentas.

Características comunes. A grandes rasgos, podemos encontrar coincidencias en los perfiles anteriormente descritos:
  • desajustes familiares.
  • desaparición real o metafórica del padre varón (dejación de sus funciones paternas o despreocupación en su desempeño).
  • conducta agresiva en edades cada vez más tempranas por desplantes, negaciones y actitudes violentas hacia los padres y los adultos.
  •  hijo único o varón único en el domicilio de los padres porque sus hermanos o hermanas más mayores ya no están. 
  •  ausencia de sentimiento de culpa. El agresor no niega su condición como tal o su participación en los hechos, pero la frialdad y el realismo con que los cuentan, sobrecoge.  No tienen conciencia de estar haciendo nada malo.

Las causas de estas conductas no son biológicas sino ambientales, y las principales son:
  • el rechazo de pautas y normas propuestas por los padres.
  • la oposición frontal hacia ellos.
  • la intención de incomodar y causar daño: por ejemplo, abandono de los estudios, marcharse de casa o permanecer en ella con una actitud al margen de la vida colectiva y familiar que en ella se desarrolla...
Y tienen unos factores muy específicos: los hijos crecen en un entorno donde nadie pone coto a sus apetencias y les delimita los márgenes de lo permitido. Es decir, los padres no saben decir que “NO”.  

1. Sociales: vivimos en una sociedad excesivamente permisiva donde parece que no tiene que haber normas y que todo debe estar permitido en favor de una libertad que no quiere saber de responsabilidades. 
Esta permisividad, que lleva a la satisfacción de todos los deseos independientemente de cuáles sean, crea en los niños el convencimiento de que todos sus deseos deben cumplirse y cuando no hay que rebelarse violentamente contra quienes les ponen coto, los padres. 


Se tiende a delegar la tarea educativa al mundo del ocio, cuando lo que hay que hacer es compartir ese ocio del hijo. Dejamos que el televisor, los vídeo-juegos o los móviles “se encarguen” de vigilar y mantener entretenidos a los hijos como único recurso de los padres y que éstos no compartan con sus hijos una actividad y/o diálogo activos y creativos. Esta delegación es más frecuente en hogares fragmentados.


2. Pedagógicos: En muchos casos,  la  inmadurez personal de los padres impide el desarrollo de sus responsabilidades educativas. A ello se une la falta de implicación y responsabilidad en el crecimiento de los hijos, el no compartir el tiempo con ellos con la excusa de que no se tiene tiempo o se está excesivamente cansado o alterado por las exigencias profesionales y el no ponerle límites al hijo, porque creemos que “la represión puede crearle traumas” o porque tenemos miedo a no saber cómo hacerlo.

3. Permisivos: No corregir desde el principio las conductas agresivas de los hijos, reírse de ellas como si fuesen una “gracia” del niño, cosa que en ocasiones hacen los padres y adultos, refuerzan su conducta violenta, pues es errónea aunque tal vez no conscientemente “premiada”. Los niños a quienes los padres no han puesto límites se convierten en niños malcriados en la primera infancia, pues son incapaces de controlarse y de entender la existencia de los demás con lo que esta existencia tiene de restrictivo para los deseos y acciones propias.  

Son “pequeños dictadores”. Al admitir las cóleras y las pataletas del niño, éstas se convierten en su forma predilecta de expresión, pues al ver que causan incomodidad en los padres son entendidas por el niño como un “arma” muy efectiva. 
Admitirlas generan discusiones en las que pretenda la satisfacción de sus deseos, o plantean desafíos: no cumplir sus obligaciones, molestar deliberadamente, acusar a los hermanos, amigos, a la madre ante el padre o al padre ante la madre, mostrarse muy susceptible o fácilmente irritable, y muy obstinado, rencoroso o vengativo. 



El origen de la violencia de los hijos contra los padres en la actualidad está en: 
  •  la falta de valoración y de respeto a los demás.
  •  una cultura del ocio poco creativa .
  • el habitual y excesivo consumo de alcohol y/o de drogas. 
  • la ausencia de conversaciones entre padres e hijos.
  • la pérdida de límites y de noción de autoridad de muchos menores.
  • la primacía del máximo hedonismo como meta vital inmediata.
  • la violencia general del contexto social.


Algunas soluciones para evitar o paliar, en la medida de lo posible, estas conductas:


1. Disciplina. Los padres tienen que aprender a decir “no” al hijo, sin crispaciones, sin violencias, de un modo natural cuando la negativa sea justificada y necesaria, sin temor a que esta negativa provoque en el niño reacciones negativas en el presente o en el futuro. La permisividad no es educativa, el inculcar pautas y pequeñas rutinas de comportamiento pone los cimientos de una vida futura en la que nuestro hijo sea capaz de asumir sus propias decisiones. 

2. Coherencia. Los padres deben tener y mantener siempre el mismo criterio, que debe ser consistente (el “sí” es “sí” y el “no” es “no”), debe tener continuidad y permanencia (para no crear confusiones en nuestro hijo). Es importante que no haya fisuras entre padre y madre a la hora de disciplinar o corregir. El "problema es de ambos".

3. Motivación. Además, los padres han de procurar motivarle para desviar su insaciabilidad estando con él, compartiendo sus juegos y sus deseos, para que así, se conviertan en deseos “de todos”.



4. Inserción social. La escuela debe utilizar procedimientos inclusivos. La exclusión por sistema del niño que molesta puede ser un procedimiento generador de violencia: del aula al pasillo, del pasillo al patio y del patio a la calle. MUY IMPORTANTE: NUNCA, pero nunca ver como solución enviarlos a un internado. Es un grave error: allí no solucionan el problema, sólo los mantienen, alimentan y no los reinsertan. Por propia experiencia, no a los internados: se juntan con otros chicos con peores contextos, no aprenden nada bueno y les brindamos la oportunidad de crear problemas aún más graves : malas compañías, drogas, embarazos no deseados, etc.

5. Amor. Los padres deben transmitir al hijo un afecto que éste sienta como un sentimiento vital cotidiano. Él lo devolverá de la misma forma. Es necesario que nuestro hijo sienta que le queremos, no sólo que nos vea como padres disciplinarios.

6. Delegación. Los padres no deben constituirse en paraguas protector del niño frente a quien tiene autoridad y trata de hacerla valer frente al niño o el adolescente (profesores, agentes de la autoridad...).

7. Responsabilidad. Los padres deben guiar al hijo a ser responsable de sus actos y decisiones a medida que va creciendo y por tanto, madurando. Es nuestra responsabilidad quererlos y disciplinarlos a la vez.

8. Empatía. Los demás existen, están con nosotros y por ello, los padres enseñar a sus hijos a ponerse en su lugar. De este modo, romperemos las tendencias individualistas e insolidarias de la sociedad actual y podremos inculcar el binomio esfuerzo-responsabilidad hacia lo colectivo.




“Una nueva generación de padres”

Somos la primera generación de padres decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.

Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia.

Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más “igualados", beligerantes y poderosos que nunca existieron.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro.


Por eso:

ü  Somos los últimos hijos regañados por nuestros padres y los primeros padres regañados por nuestros hijos.

ü  Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a nuestros hijos.

ü  Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.

ü  Y lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.

En la medida que el permisivismo ha reemplazado al autoritarismo, las relaciones familiares han cambiado radicalmente, para bien y para mal.

Antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.

Pero, ahora que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque no los respeten.

Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal, que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les faciliten lo que necesitan para tal fin.

Los roles se han invertido, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.

Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles “muy cool” a sus hijos. Nuestros hijos no son nuestros “colegas”, ni nosotros, los suyos. Es absolutamente necesaria la jerarquía natural dentro de la familia.
Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.

Los hijos necesitan percibir que, durante su niñez, estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van. Si el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.

Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos por delante, liderándolos y no atrás, cargándolos y rendidos a su voluntad. Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino.


Cita bíblica.

”Quien consiente a su hijo tendrá que vendarle las heridas,
a cada grito se le conmoverán las entrañas;
caballo no domado sale cerril,
hijo tolerado sale terco;
sé blando con tu hijo, y te hará temblar;
sigue sus caprichos, y lo sentirás;
...
No le des autoridad en la juventud
ni disimules sus locuras...”
Eclesiástico, 30,7.

Vídeo:





Bibliografía.

-Francesc Xavier Moreno Oliver Doctor en psicología. Profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona. -Miembro de la sección de psicología jurídica del COPC
-Chartier, J.P. et al ( 2000) Los padres mártires. Madrid. Ed. Javier de Vergara.
-Naouri, A. (2003) Padres permisivos, hijos tiranos. Barcelona. Ediciones B.
-Rodríguez, N. (2004) ¡Quién manda aquí!: Educar a los hijos con una disciplina coherente y efectiva.      Barcelona. Ed. Juventud.S.A.
-Javier Urra Portillo. Violencia de los hijos hacia los padres