Mostrando entradas con la etiqueta perfeccionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perfeccionismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2015

"TRAER POR LA CALLE DE LA AMARGURA"


El origen de la frase "traer por la calle de la amargura" viene de muchos siglos atrás. Hace referencia a la existencia en Madrid de una estrecha callejuela (llamada calle de la amargura), de apenas 35 metros, que iba desde la calle Mayor y desembocaba en la plaza Mayor, hoy llamada siete de julio.

Por allí era por donde pasaban los prisioneros condenados a muerte en su trayecto desde la cárcel, situada en la Plaza de la Villa, hasta la Plaza Mayor para ser ajusticiados. Unos últimos pasos en vida, un paseo amargo y con un triste y definitivo final.

Amargarse y amargar a los de tu alrededor sin hacer nada por evitarlo es el camino de la derrota, de la rendición, a un triste desenlace. Es mucho más sencillo que enfrentarse a la negatividad y solucionar el problema, pero también es muchísimo más perjudicial para nuestro yo individual y social.

“No valgo para nada”, “todo me pasa a mí”, “nadie me entiende, o “el mundo está contra mí” son algunos de los pensamientos negativos que de vez en cuando nos rondan la cabeza. 

No se trata de que nadie pueda tener un mal día, todos lo tenemos. Pero alentar el victimismo, los sentimientos de tristeza crónicos, refugiarnos continuamente en el lado negativo de las cosas y no mirar el lado positivo desemboca en una espiral de tristeza, antipatía y desánimo que afecta a la salud, felicidad y bienestar de uno mismo y de los que nos rodean. 

Aprender a detectar esta negatividad –tanto en nosotros mismos como en los demás– y saber cómo afrontarla o eliminarla es una tarea que requiere un gran esfuerzo pero que no es imposible.

Mensajes auto-destructivos

¿Te oyes a ti mismo diciendo “no puedo”, “no soy lo suficientemente bueno”, “soy un fracasado” o “no tengo lo que hay que tener”? 

Si es así, acalla esa voz interior negativa y esos mensajes autodestructivos porque si anulan tu confianza, disminuyen tu rendimiento, acaban con tu potencial positivo y, sabotean cualquier posibilidad de triunfo. 

No permitas que tu mismo seas tu mayor enemigo,

Situaciones revertidas

¿Siempre ves la botella medio vacía? Debes saber que nunca está medio vacía, siempre está completamente llena: la mitad puede que sea sólo agua pero la otra mitad también contiene algo: aire. Nunca puede ser “nada”.

La forma en la que te relaciones y afrontes tus circunstancias, ya sean positivas o negativas, es lo que determinará que sea una experiencia positiva o negativa.

Si eliges revertir las situaciones negativas a positivas, éstas te harán más fuerte, más feliz y más seguro de ti mismo. No existe el país de las maravillas ni tú eres Alicia. La perfección no existe, al menos en la tierra.

Actitudes diferentes

¿Piensas que hagas lo que hagas, todo es inútil? o ¿imposible de cambiar o de afrontar?

Si quieres que algo sea diferente, que algo cambie, no puedes hacer siempre las mismas cosas. Si algo no funciona en condiciones normales, cambia de táctica. No te empeñes contra viento y marea. 

Huye de lo convencional, haz cosas diferentes, sé imprevisible. Busca planes pero que puedan será aleatorios en un momento determinado.

Comparaciones odiosas

¿Sueles compararte con otros? ¿Piensas que otros siempre tienen mejores situaciones, mejor suerte? ¿Te auto-compadeces?

Lo más común y fácil para sentirnos mal es compararnos desfavorablemente con los demás. Claro que nunca lo hacemos con los “iguales” sino que tendemos a hacerlo con los que consideramos “superiores”. 

Siempre pensamos que lo del vecino es mejor. Es la llamada “comparación social negativa”. Nunca nos fijamos en quien sufre situaciones mucho más penosas que las nuestras, de falta de salud, de problemas económicos o de adicciones. Siempre vemos a los “perfectos”, a los que la vida les sonríe.

Estas comparaciones en lo que desembocan es en estrés, ansiedad, estados de depresión y la toma de decisiones autodestructivas”. ¿Merece la pena?

Recuerdos del pasado

¿Te sorprendes diciendo: “Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”? Qué gran falacia! Qué gran engaño! Qué artimaña más burda para mantenerse atrapado en el pasado y en la inacción!

Arrepentirse siempre de lo que hicimos o peor aún, de lo que no hicimos, sumergirse en lo que pudo ser y no fue no conduce más que a la autoflagelación mental sobre algo que ni siquiera sabemos si realmente habría salido tal y como nuestra mente negativa nos relata. 

No sabemos si habría sido mejor, sólo que esa huida de los problemas que debemos afrontar hoy, parece reconfortarnos, pero no es más que una excusa irreal. 

Victimismo culpable

¿Crees que siempre la culpa es de los demás? ¿Piensas que tú siempre “ejecutas”, “operas”, “te comportas” a la perfección? ¿Estás abonado al victimismo? 

Es cierto que, con demasiada frecuencia, nos topamos con personas complicadas, tóxicas, manipuladoras, vagas, envidiosas, egoístas, desafiantes, narcisistas, mentirosas... Lo más sencillo es pensar que ellos son los culpables de nuestros problemas y nosotros somos las víctimas, pero, esta actitud, aunque justificada, es reactiva y nos debilita, nos atenaza y nos destruye.

El victimismo es la “silenciosa desesperación”, es la “frustración provocada” y perpetúa la amargura, el resentimiento y nos condena a la falta de poder de decisión y actuación. Una víctima injustificada siempre se regodea en la culpa, siempre está dándole vueltas a lo que pasa o a lo que pasó, no aprende de los errores y nunca es consciente del daño que se ha podido causar para para poder evitar que se repita.

Fracaso perfeccionista

¿Te saca de quicio equivocarte? O ¿Qué otros se equivoquen o que no obren como tú crees que deben?

El miedo a cometer errores y a fracasar siempre va asociado al perfeccionismo: Pensar que uno no es lo suficientemente bueno ejerce una tremenda presión sobre uno mismo para conseguir algo que evita siempre alcanzar la felicidad. Lo mismo ocurre si se lo exigimos a quienes nos rodean.

Ponerse metas y trazar objetivos es motivador, pero buscar la perfección, conseguirlo todo a la primera y hacerlo sin fallos es imposible, para ti y para cualquiera.

Por lo tanto, es absurdo exigir la perfección a uno mismo y a los demás. Primero porque, simplemente, no es un concepto humano ni está a su alcance. Y segundo, porque está científicamente demostrado que existe una estrecha relación entre el perfeccionismo y la infelicidad.

viernes, 19 de diciembre de 2014

SER PERFECTO NO ES VIVIR


“Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”.

Erich Fromm


Si definimos el perfeccionismo como un deseo de tratar de hacer las cosas lo mejor posible y disfrutamos con ello, no hay problema. Pero cuando se transforma en el imperativo de que "se puede y se debe", de que cualquier cosa por debajo de un ideal de perfección es inaceptable, nuestra vida se convierte en una inagotable fuente de ansiedad y frustración, en una sucesión interminable de miedos y preocupaciones ante los posibles errores que podamos cometer y que ineludiblemente, nos llevará a calificarla como fracaso en mayúsculas.


Pero, ¿se puede? ¿se debe? El perfeccionista siempre alberga un "sin vivir": para él, todo está inacabado o es susceptible de ser mejorado, o peor aún, nunca es suficiente. Siempre se arrepiente de lo hecho, de lo dicho o de lo vivido. Gira sin avanzar en un bucle sin fin y jamás es consciente de conseguir el más mínimo grado de satisfacción.

Pero analicemos algunas características comunes en las personas perfeccionistas:

Motivación y Fuerza de voluntad

Es cierto que el perfeccionismo puede llevar al éxito, pues proporciona motivación y fuerza de voluntad para perseverar ante el desaliento y no desfallecer ante las dificultades. Siempre antepone el deber al placer.


En una forma positiva y en grado moderado, puede proporcionar la energía motriz, la atención meticulosa en los detalles, el compromiso y la persistencia que conduce a grandes logros.


Implicación y Responsabilidad


El perfeccionista se implica (a veces, en exceso) en el trabajo con una tendencia a mantener la actividad permanentemente y con suma responsabilidad. 

Busca la máxima productividad y eficiencia.

Es una persona de plena confianza, pues sus valores éticos y morales están fuera de toda duda.






Previsión y Ahorro

Siempre prevé posibles contratiempos y por ello, nunca desaprovecha medios y recursos, para remediarlos pero evita los gastos extraordinarios. 

Le cuesta mucho desprenderse de objetos fuera de uso o inútiles, por lo que suele acumular grandes cantidades de objetos absolutamente inservibles y sin valor o utilidad alguna.

Suele ser poco generoso en sus regalos o con el dinero en general; ahorrador y previsor.




Meticulosidad y Corrección


En su implacable búsqueda suele estar sobre-adaptado a las normas y a los convencionalismos sociales, que respeta profundamente y trata de hacer siempre "lo correcto".



Pretende ser una persona buena y educada en todo momento,  y lo consigue, ganándose el reconocimiento de los demás.

Su meticulosidad en los detalles, le hace ser ordenado, tener "todo en su sitio", ser disciplinado y concentrado, planificado y organizado, muy cumplidor y puntual.

Insuficiencia y Susceptibilidad 


Pero ¿qué busca constantemente el perfeccionista? ¿Por qué casi siempre genera insatisfacción propia y ajena? Nunca acepta el hecho de que sus acciones son consecuencia de una permanente sensación interna de insuficiencia. 

Piensa que nunca nada es suficiente: encontrar la perfección es imposible y es por esto que el perfeccionista tiende a tener el sentimiento constante de que algo le falta y que haga lo que haga, siempre le faltará. Así, su motivación permanente es concretar sus tareas "pendientes".

Nunca acepta el hecho de ser como es, ni tampoco ve las situaciones como realmente son: siempre hay algo que corregir, no sabe exactamente el qué, pero algo le impele a cambiar, debido a su extremo compromiso de mejora. Cree que actuando así será capaz de sentirse bien consigo mismo. 

En el ámbito social, para contrarrestar esta insuficiencia interior tiende a mostrarse a los demás como perfecto, sin fallos y eso le convierte en un susceptible por antonomasia. 

Propenso al llanto, en ocasiones y a la irritabilidad, en otras, cuando se siente criticado. No puede soportar la idea de que nadie le diga cómo tiene que hacer las cosas o cómo debe ser y,  paradógicamente, esto es precisamente, lo que él les dice a las personas de su alrededor.

Auto-exigencia 

Aunque muchos psicólogos dicen que el perfeccionismo es un rasgo genético, yo no lo creo.

Desde mi punto de vista, se desarrolla fundamentalmente durante la infancia y por la educación recibida: sus padres y/o profesores nunca le han considerado lo suficientemente bueno y/o siempre le han exigido, en cualquier asunto, una vuelta de tuerca más allá de lo humanamente razonable. 

Transmiten a sus hijos/alumnos la idea de que el valor personal depende de lo que se hace y lo bien que se hace y esperan un rendimiento máximo de ellos, pues de lo contrario "no valen nada".




Por eso, el perfeccionista interioriza la idea de que cometer errores está mal, (al menos él no puede ni debe cometerlos) y se convierte en una persona rígida e inflexible.

Ello le lleva a desarrollar una auto-exigencia infinita e insaciable, por imperativo moral interno, que le lleva a hablar habitualmente, con expresiones como “tengo que” o “debo”.

Esa exigencia sale a flote y acaba proyectándola sobre las personas de su entorno y se convierte en frases como "tienes que" o "debes de".

Así, el perfeccionista ve el mundo a través su lupa particular, que focaliza todo lo imperfecto, que debe cambiar a mejor. En vez de apreciar los aspectos positivos o valiosos de él mismo, de otras personas o de las situaciones, suele fijarse exclusivamente en los errores o imperfecciones que evitan esa ansiada perfección: tiene la mirada puesta en los defectos y en los fallos.

Intolerancia / Frustración

El perfeccionista acostumbra a creer que siempre tiene la razón o que está en posesión de la verdad y/o intenta convencer al resto, que piensa de forma diferente, imponiendo su punto de vista. 


Critica y juzga a los demás como mecanismo de defensa: rechaza en los otros lo que no puede aceptar en él mismo. 



Y por ello, suele mostrarse intolerante y prepotente cuando se siente inseguro, amenazado por opiniones muy alejadas de las suyas o, en ocasiones sucede que la imposibilidad de luchar contra el mundo, les sumerge en un profundo estado de frustración.

Independencia funcional

Uno de sus mecanismos de defensa consiste en evitar trabajar en equipo, ya que no es capaz de delegar y por ello, se carga sobre sus espaldas toda la responsabilidad de hacer lo que se tiene que hacer: nadie puede hacer nada tan bien como él. 

En este sentido, busca ser independiente a la hora de trabajar y acapara todas las funciones posibles, incluso, es capaz de rectificar, modificar, rehacer, retocar, enmendar o reparar todo aquello que no considera según su ideal perfecto.

Ira / Depresión

La rigidez y susceptibilidad del perfeccionista hacen que termine cosechando una frustración permanente. Sus emociones predominantes son la ira, si se exterioriza esa rigidez, o la depresión, si se interioriza esa susceptibilidad. 

No es ninguna casualidad que somatice la rabia, el estrés y la tensión en forma de dolores de cabeza, espalda y bruxismo (rechinar de dientes), mal descanso o insomnio.

Mentalidad de "Premio/Castigo"

El perfeccionista siempre busca la aprobación social y la propia, está dispuesto o impelido a agradar, a impresionar a los demás, y mentalmente, funciona con el mecanismo de premio-castigo: si alcanzas grandes éxitos, te recompensan; si no, te sancionan. 

Sabe que la búsqueda de la perfección causa daño y suplicio, pero cree que es el precio que debe pagar por el éxito: "sin dolor no hay ganancia", es el lema y está dispuesto a hacer lo que sea para evitar ser mediocre o "del montón".

Regla Suprema: "todo o nada"

Vive su vida con la regla del "todo o nada": si se le mete una cosa en la cabeza, su empuje y ambición le llevan a no detenerse ante nada ni ante nadie, con tal de lograr lo que pretende.

Ser del "montón" le pone nervioso: no acepta ser bueno o estar dentro del promedio. Siempre quiere destacar sobre el resto y ser considerado el mejor.

Apunta siempre a lo grande, se embarca en los proyectos más difíciles pero que de seguro serán exitosos. Si no, prefiere evitarlos, es decir, tienen aversión al riesgo.

Ansiedad social y fracaso=rechazo

El perfeccionista suele esconder un problema de ansiedad social: teme ser el blanco de burlas, críticas, humillaciones o rechazo de cualquier tipo, y piensa que eso no podría soportarlo.

Apriori, le cuesta abrirse a los demás debido a su terrible miedo a equivocarse y a ser rechazado, evita verse expuestos o parecer vulnerables. Evita hablar de sus miedos personales, inseguridades o decepciones. Fracaso=Rechazo.


Tiende a obsesionarse con cada pequeño error, que él ve gigante. Al enfocarse en los errores e intentar evitarlos, cada vez que comete uno lo toma como un gran fracaso personal.

Todo lo hace personal: pensamientos como "no soy lo suficientemente bueno...", "no termino de verlo...",  o "no está del todo bien realizado...", abundan en su forma de pensar.

Vulnerabilidad

Se pone a la defensiva cuando es criticado: es fácil detectar a una persona perfeccionista cuando en una conversación "salta" a defenderse ante el más mínimo atisbo de crítica o amenaza. Su objetivo es proteger su frágil imagen personal y sublimar la forma con la que los otros le ven.

No es auténtico, no deja que los demás le vean como es en realidad, se ampara en un escudo protector con el que evita mostrar su vulnerabilidad.

Culpabilidad y Arrepentimiento

A menudo rememora épocas pasadas pero no para recordar momentos maravillosos, sino para reprenderse así mismo o a otros, para recapacitar sobre sus errores o los ajenos. 

En definitiva, trata incluso de revivir su vida: necesitaría vivir sus momentos de una manera múltiple para ver cuál podría ser la opción más perfecta.

Tiene un alma continuamente culpable y ansiosa; su arrepentimiento gira en torno a "lo que habría hecho si...., si volviera a nacer..., si tuviera una segunda oportunidad." 

Aún en el caso de que pudiera vivir todos sus momentos de nuevo, para tratar de cambiarlos, tampoco tendría suficiente ni estaría jamás satisfecho.



Negación de la perfección

No disfruta de sus logros, sufre y se sitúa siempre cerca del fracaso, siempre niega su afán de perfección diciendo: "es necesario hacer todas las cosas bien","lo primero es el deber y luego el placer".

Una cosa es querer hacer las cosas lo mejor posible y mejorarlas cuando se puede, sin angustia o estrés y otra, tener que hacerlas perfectas.

En general, el perfeccionista necesita para vivir la aprobación social; teme al fracaso y por tanto, al rechazo social; posee una actitud auto-crítica y negativa; un pensamiento radical del todo o nada, bueno o malo y no hay puntos intermedios: una distorsión de sí mismo y de la realidad, al creer que todo lo que una persona hace, debe salir siempre bien; califica los errores como fracasos y mide su valor y dignidad personal en función de los éxitos o fracasos que tenemos; sólo ve dos posibilidades: perfección o irresponsabilidad.

Es bueno trabajar duro para lograr nuestros objetivos y buenos resultados, esforzándonos y buscando mejorar, pero sin caer en el radicalismo y sin considerar que nuestro valor como persona depende del éxito o fracaso.

En el mundo existen muchísimas personas exitosas que no son perfeccionistas. El éxito depende del talento, de las habilidades o del conocimiento pero el perfeccionismo nos limita. La necesidad de hacer todo perfectamente bien, nos quita mucho tiempo y puede que, ante la posibilidad de fracasar, dejemos de actuar. 

¿Qué hacer?

El punto de partida para cambiar el hábito del perfeccionismo es aceptarlo. Una vez aceptado, es necesario trabajar para sustituirlo por otro hábito nuevo. Debemos pensar que casi ningún error trae consecuencias terribles o catastróficas y además, el error es una característica humana.

Es imposible saber todo y hacer todo bien: haremos unas cosas bien, otras regular y otras mal. Lo realmente importante no es evitar los errores, sino aprender de ellos y sobreponerse: el valor y la dignidad personales no dependen de los logros, sino de las veces que nos levantamos de las caídas.

Con serenidad es posible asumir que nuestros errores no son buenos ni malos, sino necesarios para aprender y evolucionar.

Es preciso analizar la diferencia entre tratar de mejorar (cuando es posible) y tener que hacer las cosas perfectas, establecer metas alcanzables y tiempos lógicos, evitar compararse con los demás, manejar la crítica ajena y disminuir la propia, vivir el momento y no arrepentirse de lo que pudimos o no hacer, olvidar de los "y si..." 



“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, 
el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar 
y la sabiduría para conocer la diferencia; 
viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; 
aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; 
pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, 
y no como me gustaría que fuera; 
creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad;
 de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida 
e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen.” 

Oración de la Serenidad. 
Reinhold Niebuhr.