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martes, 1 de octubre de 2013

EL MATRIMONIO: "EL DAR" Y "EL RECIBIR"











Las necesidades emocionales en el matrimonio

¿Qué puede hacer tu cónyuge por ti que te haga más feliz? ¿Qué es una necesidad emocional?
¿Cuáles son mis necesidades emocionales? ¿Y las de mi cónyuge?

La necesidad emocional es un deseo que, cuando se cumple, produce una sensación de felicidad y satisfacción , y cuando no se satisface, genera una sensación de infelicidad y frustración.

Todos intuimos cuáles son las necesidades emocionales básicas en el matrimonio: la admiración, el cariño, la conversación, la ayuda mutua, el compromiso, el apoyo financiero, la honestidad y la franqueza, el atractivo físico, el compañerismo en el ocio y la satisfacción sexual. 


Pero no todas las necesidades emocionales son iguales para todos. Por lo general, las más importantes para los hombres son las menos importante para las mujeres, y viceversa. 

Por ello, es de vital importancia conocer las necesidades emocionales de nuestro cónyuge con el fin de poder satisfacerlas y para eso, debemos tener en cuenta los siguientes puntos:



  • Privacidad. Es esencial tener tiempo a solas con tu pareja, sin niños ni padres ni amigos para prestarse atención y amor mutuos.
  • Objetivos. Una vez a solas, es necesario compartir las necesidades mutuas de afecto, conversación, ocio y satisfacción sexual.
  • Tiempo Compartido. El tiempo compartido juntos es vital para el matrimonio y debe ser a lo largo de la semana y no concentrado en el fin de semana o en las vacaciones.

Los malos hábitos en el matrimonio

Algunos de los malos hábitos dentro de un matrimonio son instintivos, se hacen sin pensar ni se plantean sus consecuencias; el objetivo es conseguir lo que uno quiere del otro, y lo que se consigue es justo lo contrario de lo que se intenta.



  • Imposiciones egoístas. "No me importa lo que pienses, o lo haces o..."
  • Faltas de respeto. "Si no fueras tan egoísta ni tan vago, harías....."
  • Ataques de ira y amenazas. "Te vas a enterar...." 
  • Hábitos molestos. "No voy a dejar de hacerlo porque  a mi me gusta..."

Otros vicios son hechos a conciencia , malintencionados y egoístas, y por supuesto son incompatibles con una relación de amor :

  • Comportamientos independientes. Ignorar los sentimientos e intereses del otro.
  • Faltas de honestidad y mentiras. Mentir u omitir asuntos de la pareja.


El Dar y el Recibir

¿Alguna vez has notado que tu cónyuge tiene dos personalidades? ¿Te parece que, a veces, es atento y considerado y, otras, es imposible estar con él? ¿Por qué unas veces hace lo que "debe" y otras no? Se trata de dos conceptos importantísimos que se producen en la pareja: el "Dar" y el "Recibir".

El Dar es "hacer todo lo posible para que la otra persona sea feliz y evitar todo lo que la hace infeliz, incluso si a uno le hace infeliz". Es la parte de uno que quiere 
el bien para los demás y que nace de un instinto básico: el amor y la preocupación por los demás.


El Recibir es "hacer todo lo posible para yo ser feliz y evitar todo lo que me hace infeliz , incluso si hace infeliz al otro". Es la parte de uno que quiere para sí el máximo provecho de la vida, y que nace de su instinto básico de autoconservación.

En el matrimonio entregamos "el Dar" generosamente a nuestro cónyuge y tomamos de él, "el Recibir"  para conseguir lo que queremos, sin dar nada a cambio.





Cuando "el Dar" manda, somos cariñosos y considerados, hacemos sacrificios personales para procurar que nuestra pareja sea feliz y esté satisfecha , porque nuestro "Recibir" no está allí para defender nuestros intereses.




Cuando "el Recibir" manda, somos groseros, exigentes y desconsiderados. Sólo pensamos en nosotros mismos, y en lo que nuestro cónyuge pueda hacer para hacernos felices. Esperamos que nuestro cónyuge haga sacrificios por nosotros, porque a nuestro "Recibir" no le importa cómo se siente.

Pero cuando hay mucho Dar en nuestro comportamiento, el Recibir se rebela contra la injusticia y reclama su momento. Y eso lleva a grandes problemas matrimoniales. Por eso es importante identificarlos en los distintos estados de ánimo en el matrimonio.



Los estados emocionales en el matrimonio


Algunas de las personas más brillantes son capaces de convertirse en idiotas cuando se enfrentan a conflictos de pareja. Un hombre cabal escucha a su esposa (Dar) hablar de sus necesidades, sus deseos, sus intereses y puede no entenderla, como si hablara otro idioma (Recibir). Una mujer inteligente escucha atentamente a su marido como describe su punto de vista (Dar), y ella no comprenderle o estar en desacuerdo (Recibir).

¿Qué hace que la comunicación conyugal sea tan difícil? ¿Es que los hombres y las mujeres no pueden comunicarse?  ¿no somos capaces de entendernos? ¿O hay algo sobre el matrimonio que desdibuja su forma de pensar? 

Lo que hace difícil la comunicación son los estados de ánimo o emocionales en el matrimonio, y no las diferencias entre hombres y mujeres. Son los conflictos que tienen entre sí, los que parecen imposibles de resolver. Los matrimonios negocian desde uno de los tres estados psicológicos, cada uno con sus propias reglas de negociación únicas y sus propias reacciones emocionales únicas: Intimidad, Conflicto y Retirada. Y si los cónyuges no los tienen en cuenta, las negociaciones pueden ser muy difíciles o nulas.


"Modo Intimidad"

El requisito más importante para el estado de la intimidad es la sensación de estar enamorado. Se obtiene esa sensación cuando cada uno aporta las necesarias cantidades de amor en la relación.

En "modo íntimo", el más agradable de una relación, los cónyuges siguen la regla del Dar, hacer todo lo posible para que su cónyuge sea feliz, y evitar todo lo que hace que sea infeliz, incluso si les hace infelices a ellos mismos. Cuando ambos socios siguen esta regla, ambos están recibiendo sus necesidades emocionales, y todo está bien en el matrimonio.

En este estado de ánimo, el Dar gobierna, y darse el uno al otro parece una acción casi instintiva. Ambos cónyuges muestran un gran deseo de hacerse felices el uno al otro en todo lo que pueden, y evitan herir a toda costa.

En la medida en que se protegen ambos, se construye la confianza. Pueden compartir sus sentimientos más profundos, llegando a ser emocionalmente vulnerables, porque ambos saben que los dos tienen los mejores intereses para con el otro. Se sienten tan cerca uno del otro, que hacer daño a la otra persona sería lo mismo que hacerse daño así mismo.

El diálogo en el estado de la intimidad debe ser respetuoso y sin prejuicios. Ambos expresan su profundo amor por el otro y la gratitud por la atención que reciben. Al bajar sus defensas y formar un vínculo emocional cercano, sienten aún más placer cuando se consiguen alcanzar las necesidades del otro. Este es el objeto por el que el matrimonio se ha inventado.

La negociación en este estado del matrimonio es controlada y liderada por el Dar. Cuando uno de los cónyuges expresa un deseo , el otro se apresura a cumplirlo. No hay pensamientos de recibir, ya que el Dar es incondicional. Por lo tanto, no hay nada que negociar, se que dan el uno al otro todo lo que es posible, y lo hacen sin condiciones. La actitud de negociación sería de alguna manera inmoral, porque implicaría condicionalidad.

Pero se puede entrar en algunos hábitos muy malos cuando uno se encuentra en el estado de la intimidad. Una madre enamorada de su marido (Dar) puede dejarle completamente al margen (Recibir) cuando se trata del cuidado de los hijos o de estar sólo pendiente de su trabajo. Un marido enamorado de su esposa (Dar) puede no hacer nada para frenar su tendencia hacia el gasto irresponsable , llevándolos a ambos a la bancarrota (Recibir). Y una vez que estos malos hábitos se han producido, son muy difíciles de cambiar.

Se podría pensar que el estado de la intimidad guiaría a un esposo y una esposa hacia la felicidad conyugal. Pero, en cambio, debido a la falta de negociar las condiciones que beneficien a ambos cónyuges, se tiende a conducirlos hacia el segundo estado emocional en el matrimonio: el conflicto.

"Modo Conflicto"

Mientras el esposo y la esposa están felices, hay intimidad. Pero nadie es feliz todo el tiempo, especialmente al hacer sacrificios para hacer feliz a otra persona. Y cuando la infelicidad es experimentada por cualquiera de los cónyuges , el Recibir cae en desgracia.

"¿Qué está pasando ? ¿Quién o qué le molesta ? " el Recibir quiere saber porqué.

Puede ser que el que se encuentra en el estado del Dar se disculpe ante el Recibir por no satisfacer una necesidad insatisfecha. El que se encuentra en el Recibir está convencido de que todo está bien, y se vuelve a dormir , dejando al que está al mando, y se mantiene en el estado de la intimidad.

¿Pero qué pasa si no hay disculpas ? ¿Qué pasa si el daño no se repara rápidamente? ¿Qué pasa si uno de los cónyuges sigue siendo irreflexivo o no satisface una necesidad emocional?

Cuando eso ocurre, el Recibir, teniendo en cuenta todos sus sacrificios en el estado de la intimidad, se pone a la defensiva. Entonces, piensa que ha hecho suficiente por un tiempo y ahora es el momento de obtener algo a cambio . Instintivamente, al adoptar el estado del Recibir: se entra en el segundo estado psicológico en el matrimonio: el Conflicto.

En "modo conflicto", los cónyuges ya no están dispuestos a ser reflexivos para satisfacer las necesidades del otro. Por el contrario, exigen que el otro cónyuge se vuelva más reflexivo y que primen sus propias necesidades ante las del otro. Ya no se garantiza la protección, pero en cambio, se amenaza, si no se cumplen sus demandas. Cuando no se cumplen las imposiciones, se producen los juicios irrespetuosos, y cuando eso no funciona, se desemboca en batalla. La ira es el último esfuerzo del Recibir para resolver el problema.

En el estado de conflicto, la conversación suele desembocar en falta de respeto, resentimiento y hasta odio. El cuidado mutuo y la preocupación continua han sido sustituidos por egoísmo y egocentrismo. El Recibir ya no confía en su pareja para cuidar de sus intereses, sino que saca todos sus recursos para velar por que éstos se cumplan. El problema, por supuesto, es que el Dar no sabe cómo tratar a su esposa con la misma justicia. "Lo justo" es visto por el Recibir como la manera de "salirse con la suya a toda costa".

En el estado de conflicto, las parejas siguen unidas emocionalmente y eso hace que el dolor de la desconsideración sea aún peor. Las muestras de amor se escapan a un ritmo muy rápido. Todavía se puede esperar que el daño se detenga y que haya un retorno al estado de la intimidad, pero la desconfianza entre ambos no detiene la vorágine. De vez en cuando , uno de los cónyuges puede volver al estado de la intimidad, pero si la paz significa volver  a ese estado, ambos deben hacerlo simultáneamente. La única manera de calmar al Recibir de ambos cónyuges es que los dos estén protegidos al mismo tiempo.

Las parejas pueden volver al estado de la intimidad desde un estado de conflicto, si , y sólo si dejan de perjudicarse uno al otro y volver a la satisfacción de las necesidades emocionales de cada uno de nuevo.

Pero es muy difícil que esto ocurra en el estado de conflicto, debido a que el Recibir insta a regresar a la pugna cada vez que reciba, si lo que se recibe no es lo que se espera. En vez de querer satisfacer las necesidades del otro, buscan sus propias necesidades antes de hacer cualquier otra cosa. Eso hace que la resolución del conflicto parezca prácticamente imposible, porque nuestros Recibir prefieren luchar, en vez de conciliar.

Las negociaciones en el estado de la intimidad realmente no funcionan, debido a que cada cónyuge está tratando de dar más que el otro. Tarde o temprano, uno de los cónyuges se siente utilizado. 

Las negociaciones en el estado de conflicto tampoco funcionan bien. Cada cónyuge está tratando de llevar a cabo el bien para sí mismo. No hay ningún esfuerzo para hacer al otro cónyuge feliz, sólo el esfuerzo centrado en sí mismo de complacerse a expensas de la otra persona.

Cuando el esposo y la esposa están en el estado de conflicto el tiempo suficiente, el resentimiento y la desilusión que experimentan finalmente convence a sus Recibir que la lucha no funciona. Se justifica un nuevo enfoque , y ese enfoque introduce en el tercer estado de la mente en el matrimonio, la Retirada.

"Modo Retirada"

La razón dictaría que las demandas injustas, la falta de respeto y la ira no son la manera de resolver los conflictos en el matrimonio. Pero con el Dar y el Recibir como las únicas alternativas instintivas, la razón no juega un gran papel en la resolución de problemas matrimoniales. En su lugar, el estado de ánimo es nulo, y después de una pelea, la mayoría de las parejas no se sienten en condiciones de volver a la regla del Dar.

En el estado de intimidad la estrategia es el amor, en el de conflicto, es la lucha, mientras que en el estado de retirada, es la evasión.

Cuando estás en el estado de conflicto, el Recibir trata de forzar al cónyuge a satisfacer sus necesidades, por lo que las demandas, las faltas de respeto, y las amenazas conducen a explosiones de ira para salirse con la suya. Pero si eso no funciona, el Recibir sugiere un nuevo enfoque del problema: la Denuncia. Se trata de convencer a su cónyuge de que no vale la pena el esfuerzo, y se produce el divorcio emocional.

En el "modo retirada", los cónyuges ya no se sienten emocionalmente unidos en el amor, ni por las defensas emocionales que tenían estipuladas. Ninguno de los dos quiere tratar de satisfacer las necesidades del otro, y ambos han renunciado a intentos de conseguir sus propias necesidades por parte del otro. El matrimonio se parte en dos. Son completamente independientes, sólo unidos en una modalidad de convivencia de intereses económicos y de atención a los hijos.

Cuando uno de los cónyuges entra en el estado de denuncia, el otro por lo general le sigue. Después de todo, si el otro no está cumpliendo ninguna de sus necesidades y rechaza todos los esfuerzos que hace para cumplir con él, se da por vencido, también. El comportamiento imprudente por cada cónyuge hacia el otro llega a ser demasiado grande para soportarlo, por lo que ya no les importa nada la relación. La confianza se esfuma.

Las necesidades emocionales pueden ser satisfechas sólo cuando somos emocionalmente vulnerables con una persona que cumpla con esas necesidades. Cuando estamos en el estado de denuncia, nuestras necesidades emocionales no se pueden cumplir, porque hemos elevado nuestras defensas, hemos construido un castillo. Incluso cuando un cónyuge trata de satisfacer una necesidad emocional, el muro defensivo mitiga o anula el efecto del amor.

Las parejas en retirada viven realmente en un estado de divorcio emocional: duermen en habitaciones separadas, salen por separado, comen comidas en diferentes momentos, viven vidas diferentes. No se comunican a menos que sea imprescindible. Si eso no funciona, o bien se separan u obtienen un divorcio legal.

Mientras que en la intimidad, se alienta la negociación, las parejas sólo tienen que dar para recibir; en el conflicto, se alienta la lucha para conseguir los objetivos; pero en la retirada, no hay ni lucha ni negociación, ni existe el más mínimo interés en ellas. En ese estado, el cónyuge no está dispuesto nada por su cónyuge ni dejar que el cónyuge haga nada a cambio, tampoco.

Cuando una pareja está en "modo retirada", el matrimonio parece no tener esperanza. No hay voluntad de ser reflexivo para satisfacer las necesidades emocionales del otro, y no hay voluntad, incluso ni de hablar de los problemas. Cuando ambos cónyuges están en este estado, realmente no existe remedio, porque no están en absoluto interesados ​​en salvar el matrimonio.

Pero el estado de retirada no suele durar mucho tiempo. Antes de lo que la mayoría de las parejas piensan , por lo menos uno de los cónyuges tiene el ánimo para tratar de romper el punto muerto. Cuando esto sucede, o se va hacia la separación definitiva o es posible que dicho cónyuge lleve al otro hacia el camino de regreso al estado de la intimidad. Pero sólo es posible si el Dar y el Recibir son relegados a un segundo plano.

Cómo volver a la intimidad

Los cónyuges no necesariamente experimentan, al unísono, el mismo estado emocional en el matrimonio. Uno de los cónyuges puede alterar el estado de la intimidad del otro, al no satisfacer una necesidad emocional o tener un descuido inadvertido. En el estado de conflicto, el cónyuge ofendido empieza a quejarse, regañar, y puede incluso tratar de empezar una pelea. Como las denuncias aumentan, el otro cónyuge que ha estado en el estado de la intimidad, es arrastrado al estado de conflicto y, a continuación, la lucha comienza en serio.

Normalmente, si fracasan en sus esfuerzos por resolver el conflicto, o si los efectos desagradables aumentan, uno de los cónyuges se pondrá en retirada primero y levantará sus barreras emocionales. El cónyuge que permanece en estado de conflicto sigue argumentando, mientras que el cónyuge retirado trata de escapar. Si el cónyuge en conflicto persiste, el cónyuge en retirada podrá ser incitado a volver a entrar en el estado de conflicto, y luchar. O bien, el cónyuge puede renunciar a discutir y entrar en el estado de retirada, también.

Uno de los cónyuges puede también poner al otro en camino de retirada de los conflictos y, finalmente, volver al de intimidad. En retirada, se puede decidir hacer un nuevo esfuerzo para restaurar la intimidad. Ese esfuerzo le sitúa de nuevo en el estado de conflictos, mientras que su esposa todavía está en retirada.

Supongamos que su esfuerzo es un estímulo para ella y finalmente se une a él en el estado de conflicto. Ahora ambos están dispuestos a que sus necesidades sean satisfechas por el otro, pero sus Recibir les animan a luchar por ellas, en lugar de negociar de manera inteligente y pacífica. En demasiados casos, si siguen los consejos de su Recibir y argumentan en lugar de negociar, ambos se encontrarán de nuevo en el estado de retirada, convencidos de que en ese estado el matrimonio es más seguro, y sin duda más tranquilo.

Este paso hacia la retirada de los conflictos puede ser un paso en la dirección correcta, y proporciona a los cónyuges la oportunidad de recuperar la intimidad, si pueden resistir a los consejos de sus Recibir. La retirada puede parecer más pacífica, pero en realidad es una caída del matrimonio. Un retorno a la situación de conflicto es una señal de que los socios han devuelto la esperanza: el matrimonio por el que vale la pena luchar. Al salir de retirada, bajan sus defensas emocionales y pueden acercarse el uno al otro de nuevo.

Aunque ser exigentes y discutir es instintivo en el estado de conflicto, uno de los cónyuges puede llevar al otro de nuevo a la intimidad, resistiendo la tentación del Recibir para luchar. Se necesitan dos para discutir, y si uno de los cónyuges hace un esfuerzo por evitar las demandas y acusaciones, y trata de ser reflexivo y satisfacer las necesidades del otro, el otro cónyuge se tranquiliza y hace lo mismo.

Una vez que ven el uno en el otro, los esfuerzos  y reconstruyen su amor , vuelven a entrar en la fase de intimidad. Pero hay una ironía que hace tropezar a algunas parejas. ¿Quién es el primero en volver al estado de la intimidad : el que hace el primer esfuerzo para satisfacer las necesidades del otro o el destinatario de ese esfuerzo? El destinatario de la atención suele ser el primero en volver al estado de la intimidad, y no el que hace el mayor esfuerzo por salvar la relación.

Si establece un buen ejemplo al cumplir con las necesidades de su cónyuge en primer lugar, sus propias necesidades serán satisfechas después. Su Recibir puede no estar satisfecho con este acuerdo, y puede tratar de sabotearlo. Entonces deberemos hacer un esfuerzo deliberado y paciente para anular el instinto del Recibir a volver de nuevo a la lucha y los conflictos. Pero si se resiste al instinto de discutir, y en su lugar, centra la atención en comportarse cuidadosamente y satisfacer las necesidades de su cónyuge, se fomentará en su cónyuge el compromiso de corresponder.

Por supuesto, cuando se está en estado de conflicto, es mucho más difícil ser reflexivo y satisfacer las necesidades emocionales de los demás. Eso es porque el Recibir domina el Dar. Así que si deseamos volver a la intimidad, es necesario reemplazar este instinto con gran esfuerzo. Satisfacer una necesidad emocional en el matrimonio es fácil cuando estamos en el estado de la intimidad, ya que el Dar le invita a hacer precisamente eso. Pero en el estado de conflicto, parece muy poco natural e incluso injusto.

Cuando el amor es finalmente restaurado, y se dispara de nuevo, la lucha ha terminado. Usted ha regresado a la intimidad , y con ella , todo lo que tiene que hacer uno para con el otro va a parecer que lo hacemos casi sin esfuerzo.

El paso de la intimidad, a través de los conflictos, a retirada es un terreno resbaladizo  Se puede llegar antes de lo imaginamos. Pero se necesita un poco de trabajo para volver a subir la pendiente. Mientras que uno de los dos puede ayudar tirando del otro hacia arriba, es mucho más fácil si ambos trabajan juntos. Y la mejor manera de trabajar de nuevo juntos hacia a la intimidad y dejar de lado la retirada y los conflictos es mediante el Acuerdo Común.


El Acuerdo Común

Es una regla para evitar los conflictos del Dar y del Recibir.

En el estado de la intimidad, predomina el Dar al otro sin importar el esfuerzo. En el estado de conflicto, predomina el Recibir del otro importando el esfuerzo. En realidad, ambos objetivos son importantes, y es por eso esta regla de negociación es para alcanzar dichos objetivos importantes, independientemente del estado psicológico de los cónyuges: el Acuerdo Común toma lo mejor del Dar y del Recibir.



El Acuerdo Común evita los malos consejos de nuestro Dar y Recibir. En el estado de la intimidad, nos sentimos alentados por nuestro Dar a sacrificar nuestra propia felicidad para que la otra persona pueda ser feliz. En el estado de conflicto, nos sentimos alentados por el Recibir para que nuestro cónyuge se sacrifique para que podamos ser felices. Ninguno de estos son objetivos dignos porque en ambos casos alguien sale perjudicado.



En el matrimonio, los propios y los mutuos intereses deben ser considerados simultáneamente. Ninguno debe sufrir por el beneficio del otro, incluso de buena gana, porque cuando alguno sufre , alguien está ganando a expensas del otro. Si tanto nos preocupa por el bienestar del otro, no hay que dejar que el otro sufra para que yo pueda tener lo que quiero. Cuando se está dispuesto a dejar que el otro haga un sacrificio por uno mismo, estamos momentáneamente cayendo en un estado de egoísmo que de alguna manera debe ser corregido antes de que se produzcan daños. 

Nunca hagas nada sin un acuerdo satisfactorio entre tú y tu cónyuge. Al hacerlo, al Dar le gusta la parte de éste que requiere que su cónyuge pueda estar felizmente de acuerdo con cada decisión que tomes, y al Recibir le gusta que la parte que demanda se mantenga con un acuerdo satisfactorio. Pero el Dar pensará que estás siendo egoísta cuando no haces lo que sea necesario para que tu cónyuge sea feliz, y el Recibir va a pensar que es simplemente tonto dejar que la falta de "entusiasmo" de tu cónyuge te impida hacer lo que te hace feliz. Sin embargo, siguiendo esta regla, se evitará dar más de uno, o recibir tanto que le duela al otro. Se obliga al equilibrio que necesita el matrimonio para crear y mantener un estilo de vida y de matrimonio compatible y con sentimiento de amor.

Esta regla enseña a las parejas a ser reflexivos y a estar pendiente de los sentimientos del otro, aunque no apetezca. Si ambos cónyuges siguen esta política, evitan lo que hace daño a uno de ellos. Las demandas, la falta de respeto y la ira son eliminadas porque la estrategia de negociación es mutuamente acordada, y no existe abuso. El comportamiento molesto se elimina porque si uno de los esposos encuentra cualquier comportamiento o actividad del otro... molesta, de acuerdo con la política no puede hacerse. También elimina la falta de honradez, porque la mentira no es algo con lo que estaríamos de acuerdo  si negociamos con entusiasmo. 

También obliga a las parejas a negociar con justicia. La regla en sí, impide que cualquiera de los cónyuges pueda tomar decisiones unilaterales sobre cualquier cosa, por lo que deben examinar antes cada decisión que toman. Las órdenes están fuera de la cuestión , ya que no están hechas para crear un acuerdo entusiasta -  se hacen a la fuerza por parte de uno de los cónyuges y consiste en perder para que el otro pueda ganar. Lo mismo puede decirse de las palabras irrespetuosas y arranques de ira. En su lugar, cada cónyuge aprende a hacer peticiones y expresar opiniones, y a mostrar respeto por las opiniones del otro cónyuge. La locura y la estupidez de las imposiciones, falta de respeto y la ira se ponen de manifiesto claramente cuando existe un acuerdo feliz por ambas partes.

El Acuerdo Común en el matrimonio crea soluciones a todos los problemas, beneficia a ambos cónyuges y no hace daño a ninguno de ellos, algo que no hace ninguno de los estados psicológicos que hemos descrito anteriormente.

Anima a las parejas a tener en cuenta la felicidad del otro como parte igual de importante que la propia. Ambos son un equipo y deben tratar de ayudar al otro y evitar perjudicarse. Es más fácil llegar a un acuerdo evitando los hábitos de "ir a lo mío", sustituyéndolos por hábitos de "ir a lo nuestro". Por eso, la compatibilidad y la complicidad lo son todo: la construcción de una forma de vida que sea cómoda para ambos cónyuges. Cuando se crea un estilo de vida matrimonial en la que cada uno de ellos disfruta y aprecia, construyen compatibilidad en su vida conjunta.

Pero el incentivo más poderoso es que ayuda a mantener el amor, ayuda a las parejas a aprender a satisfacer las necesidades del otro en formas que son mutuamente satisfactorias y agradables. Los cónyuges que siguen esta política y satisfacen las necesidades de cada uno, se enamoran y se quedan en el amor.

Como sabemos, la negociación es muy difícil en el matrimonio, ya que en cada estado de ánimo (Intimidad , Conflicto y Retiro) se tiende a desalentar el acuerdo. El Acuerdo Común nos ayuda a anular nuestros instintos, y nos permite negociar dignamente, independientemente de nuestro estado de ánimo. Esto se debe a que se trata de un acuerdo "entusiasta", en lugar de acuerdos "reacios".

En el estado de la intimidad, nuestros Dar no estarían de acuerdo en casi nada para hacer a nuestra pareja feliz. Pero no sería un acuerdo entusiasta, sería un auto-sacrificio, un sufrimiento, es decir, un acuerdo de poder. Sólo nuestros Recibir serían capaces de acuerdos "entusiastas", porque se acerca a algo que va en nuestro propio interés. Si ambos cónyuges están de acuerdo de buen grado, significa que los Recibir de ambos están de acuerdo en que la decisión va hacia sus mejores intereses. Esos son los acuerdos que tienen más probabilidades de hacer que ambos sean felices.

Todos los conflictos maritales son oportunidades para negociar. Y si se hace correctamente, los problemas son relativamente más fáciles de resolver. ¿Se puede esperar que un matrimonio esté de acuerdo en todo ? ¿Y con entusiasmo ? La Incompatibilidad está en el centro del conflicto marital. 

¿Qué sucede cuando la política de acuerdo común no se sigue en el matrimonio? ¡un desastre! Y el desastre se ve en muchas formas. Una de sus formas más comunes es el comportamiento molesto, es decir, cualquier hábito o actividad de uno de los cónyuges que molesta al otro. 

La negociación asume que dos personas están dispuestas a resolver un conflicto. Pero en muchos matrimonios, uno de los cónyuges puede no estar dispuesto a negociar, o seguir la política del acuerdo común, sobre todo cuando el matrimonio está en serios problemas. Entonces, ¿cómo puede negociar uno de los cónyuges si al otro cónyuge no le interesa ? 

Cómo "negociar con éxito"

Si existe conflicto en el matrimonio, puede ser debido a la forma de satisfacer una necesidad insatisfecha, o a conductas de uno que molestan al otro. 

Existen tres causas de estos conflictos: 1 )  No hago caso de mis propios sentimientos y  hago lo quiere mi cónyuge, 2 ) No hago caso de los sentimientos de mi cónyuge y hago lo que quiero, o 3) ignoro el problema por completo (paso de todo). 

La negociación, sin embargo, requiere algo muy diferente: tomar en cuenta mis sentimientos y los de mi cónyuge al mismo tiempo. Para ello debemos:

1 : Establecer reglas básicas para la negociación.

La mayoría de las parejas ven la negociación como un imposible, debido a que sus esfuerzos son generalmente estériles. ¿Quién quiere negociar cuando no tienes nada más que decepción, frustración y dolor?
Así que antes de empezar a negociar, establecer algunas reglas básicas para asegurarse de que ambos disfruten de la experiencia:



  • Tratar de ser agradables, alegres y respetuosos. 
  • No imponer decisiones, ni acusar al otro, ni enfadarse.
  • Posponer la negociación si no es el momento adecuado.






2: Identificar el problema desde ambas perspectivas.

Una vez que se hayan establecido reglas que garanticen una discusión segura y agradable, se está listo para negociar. Pero ¿por dónde empezar ? En primer lugar , hay que entender el problema desde la perspectiva de ambos y aclarar las cuestiones que los separan.

El respeto es la clave del éxito en esta fase de la negociación. Una vez que el problema ha sido identificado, y se oye la perspectiva del otro , es muy importante entenderse: No trates de enderezar al otro. De hecho, la única manera de llegar a un acuerdo entusiasta  no es que el otro entre en razón, sino también llegar a una solución que se adapte a la perspectiva del otro. Con ello evitamos el abuso de cualquiera de las partes, las imposiciones y el enfado, que no son maneras de comunicarse en el matrimonio.




3: Buscar soluciones satisfactorias para ambos.

Una vez fijadas las reglas del juego, identificado el problema desde la perspectiva del otro es necesario buscar soluciones para que ambos sean felices, acercándonos a la intimidad.

El secreto para entender a tu cónyuge es pensar como piensa su Recibir, ser émpatico con él y pensar en lo que le satisface. Es fácil apelar al Dar de tu cónyuge:"Si realmente me ama, hará esto ", o "Si hace lo que digo, nos irá mejor ". Pero por ahí no se llega a la negociación común satisfactoria.

La idea es que uno NO se sacrifique para que el otro pueda ser feliz. Las ideas de "ganar-perder" no son ni válidas ni justas en la pareja.



Cita Bíblica:


«En todo os he enseñado que es así, trabajando, 
como se debe socorrer a los débiles 
y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús,
 que dijo: 
Mayor felicidad hay en dar que en recibir.»

Hechos 20:35



Vídeos:

http://www.youtube.com/watch?v=QuMhhXBwfCE
https://www.youtube.com/watch?v=GIaBbyHZesQ


Bibliografía:

- Marriage Builders, Steven W. Harley

-His needs Her needs, Willard F. Harley Jr

-Love Busters, Willard F. Harley Jr



domingo, 25 de agosto de 2013

FELICIDAD NO ES FACILIDAD






Queridos amigos,

Celebrar un aniversario de boda es signo de ilusión, es querer ir más lejos en el amor. 25 años, son pocos años, pero es un recorrido que merece la pena conmemorar para que el amor dure toda la vida. Algunos aspectos que deben mantenerse en la vida de un buen matrimonio:

1.- Cultivar el diálogo
2.- Respetar siempre el punto de vista del otro
3.- Estar dispuestos a servir
4.- Tener paciencia con los defectos de los demás
5.- Saber perdonar y pedir perdón
6.- Superar con inteligencia y humildad  los posibles conflictos
7.- Acordar las orientaciones educativas de los hijos

Estos elementos son suficientes para alimentar y orientar la vida matrimonial.
Sabéis que no os habéis casado con el ser perfecto y seguro que en algunas ocasiones habéis experimentado cansancio, rutina, incluso involuntarias ofensas o heridas: la rutina es mala consejera en las relaciones de las personas. Por eso es bueno  detenerse un momento y pasar vuestra propia ITV matrimonial haciéndose las siguientes preguntas:

- ¿Qué es lo que me saca de quicio o me pone nerviosa de mi marido y qué me irrita de mi mujer?
- ¿Conoces las limitaciones de tu pareja?, seguro que lo tienes muy claro pero, ¿conoces las tuyas?, ¿tus defectos personales, tus errores?
- ¿Eres consciente de que tú también puedes herir?
- ¿Qué te hace daño de mí?, ¿Qué estoy haciendo mal?, ¿qué es lo que no estoy haciendo?
Todos  podemos tener fallos, pero también podemos decirnos cosas positivas:
- ¿Qué cosas positivas veo en ti?
- ¿Qué es lo que más valoro de ti?
Esta revisión hecha con cariño os hará capaces de llevar a buen término vuestro proyecto matrimonial.


“Felicidad no es facilidad”. Felicidad no es que todo me salga bien; no es tener un cónyuge galante, perfecto y siempre cariñoso, tierno y paciente. Debemos examinarnos y preguntarnos si el amor que sentimos por nuestro esposo/esposa sigue siendo el mismo amor que le prometimos. El matrimonio no es un camino de rosas y, aunque fuera de rosas, éstas tienen espinas. Cuesta muchas veces el sacrificio personal, por ejemplo el no aceptar que el otro se puede equivocar y perdonar. No os desaniméis ante las limitaciones y las carencias personales que podrían apagar la primera ilusión. Sobre todo intentad visualizar vuestro futuro con vuestros hijos y hacer una familia feliz donde crezca el amor. Os confieso que el barómetro para medir la propia felicidad es la alegría de nuestros hijos. 
Que este aniversario sea una fuente de gracia para reavivar el primer amor, para hacer nuevas las cosas en nuestra vida matrimonial, para mejorar la ilusión de seguir casados cada día. Se trata de trabajar e intentar vivirlo de esa manera. Queridos amigos, ningún camino es fácil, pero con Dios todo camino es más fácil y se afrontan con serenidad, los fracasos y las desilusiones. Que ninguna adversidad os paralice. 

¿Cómo se puede establecer o mejorar la comunicación de forma madura en momentos/situaciones de dificultad en la pareja?

Muchas parejas pasan por momentos difíciles que pueden acabar rompiendo la relación de pareja. Los motivos que llevan a una pareja al conflicto son muy diversos y complejos. En ocasiones existe un claro detonante, como una infidelidad o celos, o agresividad,  y en otras se trata de un deterioro en la relación o de falta de comunicación efectiva, que no consiguen entender los propios miembros de la pareja.

Es preciso meditar sobre las causas que han llevado a la pareja a la situación actual, detectar los patrones destructivos que se han establecido dentro de la pareja y proponer pautas, ejercicios y negociaciones para llegar a una solución de los problemas estable y romper las barreras que bloquean la relación.
Las parejas tienden a subestimar la gravedad de sus problemas. Pensar que la pareja no funciona es algo tan difícil de asumir que preferimos ignorarlo. Solemos engañarnos atribuyendo las dificultades de pareja a cambios propios de las etapas por las que pasan las parejas a lo largo del tiempo. Si no somos capaces de atajar el problema mediante la comunicación, sería necesario buscar un mediador (terapeuta, psicólogo, etc.).
No hay que esperar  a que los hijos perciban las dificultades o a perderse el respeto mutuamente.
¿Buscar ayuda para un problema de pareja significa que la relación está terminada?
Es mejor buscar ayuda al inicio de la problemática que esperar a que las dificultades sean demasiado graves. El resultado de una terapia de pareja depende de muchos factores pero hay dos aspectos muy importantes a tener en cuenta: lo motivados que están los miembros de la pareja para trabajar en el problema y lo importante que es para ambos la propia relación.
¿Existe un único culpable en los problemas de pareja?
Una sola persona no es totalmente responsable de los problemas en una relación. Los problemas de pareja son relacionales y se llegan a ellos por los patrones conductuales adquiridos en la relación. Tú puedes sentirte culpable en algún momento, sin embargo, esto es normal y posiblemente tu pareja piensa lo mismo, en otros momentos. Este tipo de experiencias pueden ser parte del proceso y deben ser discutidas.

¿Qué pasos debemos seguir?
Debemos elaborar un análisis de la relación para llegar a un diagnóstico preciso. Hemos de tener tres objetivos muy claros. Obtener un diagnóstico preciso es el primer objetivo. En segundo lugar, hemos de conseguir explicar las causas y el proceso que les ha llevado a la situación actual. Trazar los nudos del problema de pareja. Por último elaboraremos un plan de acciones a seguir: ejercicios, pautas, negociaciones o normas para realizar en casa para ambos miembros de la pareja o para uno de ellos. Tenemos que devolver a la pareja un estado de tranquilidad, comunicación, confianza, armonía y bienestar en los diferentes ámbitos de la pareja.
Primero ser conscientes de las necesidades propias, las del cónyuge y las de la relación, para de este modo salvar los obstáculos que se les presentan.
-Alimentar constantemente la relación.
- Respetar la individualidad del otro, su ser, su personalidad, su desarrollo en el mundo.
- Respetar la libertad del otro.
- Reiterar día a día el compromiso que tienen uno con el otro.
- Ser, uno para el otro, nuestros mejores amigos.
- Tener un intercambio flexible de posiciones de poder. Según las situaciones y de acuerdo con las capacidades de cada quien, a veces uno y a veces, el otro ejerce el liderazgo.
- Aun con el paso de los años, mantener la atracción física.
-La relación sexual es libre, espontánea y satisfactoria.
-Tocarse, abrazarse, besarse, acariciarse.
-Tener sentido del humor, especialmente cuando se trata de enfrentar las diferencias.
-Tener gestos y detalles: como llamarse al trabajo, comprarse flores o pequeños obsequios, decirse “te quiero”, halagarse mutuamente, planear encuentros juntos, momentos especiales
-Expresar lo que sentimos o necesitamos de forma positiva, no quejándose,  y que nuestros sentimientos sean validados por el otro.
Es una idea simple, pero aún así, profundamente importante. Y no sólo es un consejo para el matrimonio. Es toda una filosofía de vida.
Quejarse es claramente una postura negativa. La expresión de un deseo o un anhelo, es una postura positiva.
Tiene mucho mejores resultados, no sólo porque efectivamente conseguimos satisfacer nuestras necesidades, sino porque nos volvemos gente más agradable en el proceso, lo que obviamente mejora nuestros matrimonios, nuestras amistades y nuestras relaciones laborales… En vez del quejido, que ya nos resulta demasiado familiar, necesitamos representar nuestros deseos de forma alentadora y agradable.
 En vez de decir “¡Ya nunca salimos!”, podríamos intentar un “En realidad disfrutaría ir al cine esta noche”. En vez de mañosear que “estoy harta de cocinar”, podríamos probar con “sería una verdadera maravilla si salimos a comer esta noche”. Y en vez de gritar “¡No soy tu sirvienta!”, podría ser más agradable, por no mencionar más efectivo, decir “Me siento sobrepasada; ¿es posible incorporar al presupuesto una ayuda para la limpieza?”.
Esta técnica también es preferible a la de no decir nada en lo absoluto, mientras dejas que aumenten el resentimiento y la frustración, hasta que estalle una pelea realmente grande. Y si expresamos nuestras necesidades de modo positivo, aquellos en nuestro entorno aprenderán de nuestro ejemplo. Nuestros empleados, nuestros colegas, nuestros hijos, y nuestros esposos también detendrán sus quejidos, convirtiéndolos en una declaración positiva.


La Ley fundamental de la Felicidad

Solemos oír las quejas: "Mi marido no me hace feliz", "Mi mujer debería ser distinta". No pienses sólo en recibir, sino también en dar, pues "HACER FELIZ AL PRÓJIMO, ES HACERSE FELIZ A SÍ MISMO". El apóstol Pablo dice: "Más bienaventurado es dar, que recibir" (Hechos 20:35).

Haz feliz a tu cónyuge. Busca el momento apropiado para conversar y trata de identificar las cosas que no gustan del otro, no las que nos disgustan. No pienses en tu felicidad, sino en la del otro. No trates de cambiar a tu pareja, cambia tú mismo, y... ¡Verás los resultados!


Secretos para una pareja feliz




-Aceptación y compromiso mutuos

Es un engaño pensar que nosotros, el matrimonio o los hijos cambiará a nuestra pareja, ya que esto crea expectativas falsas y obtenemos como resultado frustración y desengaño. Te casaste con un HOMBRE/MUJER y no con un "DIOS", que sus imperfecciones no te sorprendan.
Aceptemos que nuestra pareja, al igual que nosotros, tiene errores. El mayor problema hoy en día en las parejas es el orgullo, el querer tener la razón y esperar que el otro sea el que siempre ceda. Valoraremos la pareja como unidad, por encima de las necesidades y deseos individuales. Antes de crear a la mujer, Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18).
Veamos lo positivo y las virtudes de nuestro cónyuge, y no solamente lo negativo.
El consejo de Dios es: "Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” Colosenses 3:18-19.

-La importancia de los detalles

El poner mayor atención a los defectos de nuestra pareja, empaña aquellas características positivas que posee, ocasionando muchas veces que estas desaparezcan.
Elogiemos a nuestra pareja cuando sabemos que hay algo que solo él/ella puede hacerlo bien: un plato especial, la limpieza de la casa, administración del dinero, ideas sabias, etc.
Fomentar un ambiente alegre.
Dar y recibir pequeñas expresiones de cariño. Evitar las palabras ásperas y ofensivas.

- Evitar luchas innecesarias

Las riñas y sermoneo hace que la pareja se ubique en el rol de hijos y no como esposos, lo cual lleva a revivir experiencias pasadas agravando la situación. (Proverbios 21:9,19-20).
Recuerde que la agresión trae consigo agresión, y para que haya discusión es necesario dos. No hagamos comparaciones, recordemos que somos únicos.
   
-"Buscar tiempo para uno mismo"

El alejarnos por un poco de tiempo de la rutina diaria, de nuestros deberes y familia, nos permite una retroalimentación emocional y espiritual que nos beneficiará a nosotros y a los otros.
Este tiempo nos permitirá valorar a los demás y que nos valoren, además de propiciar nuestra sana individualidad. 
Conozco mujeres que no quieren ausentarse de su hogar porque consideran que son imprescindibles y les molesta y afecta el no serlo. Este sentimiento tiene relación con la autoestima, la necesidad de ser reconocido y valorado por los otros.

-Metas comunes y compartir tiempo juntos

Es necesario respetar la libertad de acción de nuestra pareja, debemos compartir gustos, intereses y pasatiempos. No perdamos la oportunidad de acompañar a nuestra pareja aún cuando la situación no sea de nuestro total agrado, esto favorecerá la confianza y compañerismo. Debemos comprender los deseos y sentimientos del otro.
Busquemos tiempo para hacer cosas juntos. Incluyamos a nuestros hijos en nuestra actividad y tiempo. Compartamos los problemas y la felicidad.

Aunque cada uno tiene actividades que le absorben, debemos planificar de tal modo nuestro tiempo, que podamos dedicarnos a la familia.

-La comunicación es vital

Las parejas tienen un promedio de 17 minutos de conversación por semana. ¡La semana tiene 10.080 minutos!
La comunicación implica el diálogo, pero más allá de este, es llegar a captar en la pareja, lo que ésta desea, le molesta o preocupa con tan solo mirarla.
Todos deseamos ser escuchados, pero no estamos dispuestos a escuchar. Es importante interesarnos en lo que nuestra pareja quiere comunicarnos, aún cuando lo consideremos sin importancia o nuestro ánimo no esté dispuesto.
Si no existe diálogo, debemos propiciarlo, buscando puntos de interés mutuo. La comunicación es fundamental para la comprensión y para alimentar el amor. Las experiencias vividas en el trabajo, las diarias vivencias con los hijos, nuestras alegrías y preocupaciones, nuestras ideas o desilusiones vividas fuera del hogar, pueden ser temas de conversación.
 Hay que llenar nuestra casa de risas, amor, entusiasmo y sana alegría.

-Relaciones sexuales

Dios creó el sexo para ser disfrutado dentro del matrimonio por los dos que conforman la pareja. (I Corintios 7:3-5).
La comunicación verbal franca y abierta permite que las relaciones sexuales se enriquezcan y de esta forma los dos encuentren placer, no obligación o carga.

-Unidos en la adversidad

La pareja sólida, se une para hacer frente a los desafíos de una crisis, pues hay un compromiso mutuo. Es necesario desarrollar esa capacidad de hacer frente a la adversidad. ¿Pero cómo? Dios desea tendernos sus manos de amor en medio de la tormenta más violenta.
Si hay problemas: no busquemos culpables, sino soluciones. No cuesta nada decir: "lo lamento" o "te perdono". La pareja no debe acostarse nunca enojada. Apliquemos el consejo divino: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo" Efesios 4:26.

- Estructura moral

Se ha comprobado que esto es un denominador común en las familias estables. En el cultivo de las virtudes cristianas hay bendición.
La estructura moral incluye: Integridad, honradez, lealtad, responsabilidad, virtud moral y los principios de la utilidad y del amor. Los principios de los 10 mandamientos debieran estar en cada corazón, pues traen bendición. La Biblia dice: "¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre" Deuteronomio 4:29.
Si permitimos que Dios sea el centro de nuestras vidas entonces el constituirá el centro de nuestro hogar.
La mayoría de las personas creemos que la fe religiosa es una ayuda para el hogar. Pero es lamentable comprobar que el materialismo está desplazando las cosas del espíritu y destruyendo la fe.
El diálogo sobre cosas profundas, une a la pareja de forma poderosa. Dios desea bendecir a quienes le buscan y le aman. Solamente Él puede cambiar nuestro carácter, darnos fortaleza en las horas difíciles y mostrarnos el camino.
No descuides tu vida devocional y espiritual. Deja que Dios guíe tu vida y tu hogar. El nos aconseja, nos orienta, ilumina la senda de nuestra vida y nos llena de esperanza.
Si eres infeliz en tu vida conyugal, busca a Dios, pues nadie mejor que Él para cambiar el rumbo de nuestra vida.
Si eres feliz, dale gracias. Pero haz tu parte, practicando los principios del amor.
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser".

"Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor" 1ª Corintios 13:4-8 p.p., 13.


Vídeo:


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