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lunes, 26 de octubre de 2015

III. EL MODELO DE LIDERAZGO DEL REAL MADRID: UNIPERSONAL VS SOCIAL



"El verdadero liderazgo no se basa en controlar a otros, 
sino en controlarse uno mismo"



El 1 de Junio de 2009, durante su investidura como presidente del Real Madrid, Florentino Pérez dijo: "Queremos un Madrid líder en lo deportivo, en lo económico y en lo social".

Desde mi modesta opinión, de los tres ejes en los que basa su liderazgo, creo que lo ha conseguido en lo económico al 100%, en lo deportivo al 20% y en lo social, al 10%, aunque evidentemente son porcentajes subjetivos desde un punto de vista personal.

Durante las doce temporadas en las que D. Florentino Pérez ha presidido el Real Madrid, interrumpidas tras su dimisión, por un paréntesis de tres años, el club ha desembolsado 1.160 millones de euros en fichajes. 

El gasto en la compra de jugadores desde el 2009 ha sido de 608,8 millones de euros y el de la venta de 190,5 millones de euros, es decir, una diferencia negativa de más de 418 millones de euros, si bien es cierto que el Real Madrid es un club comprador y no vendedor.

Durante este periodo ha tenido cuatro entrenadores: Pellegrini, Mourinho, Ancelotti y Benítez y ha ganado 7 de los 36 grandes torneos que ha disputado; es decir, el 19,4%. Cada título le ha costado al club un gasto medio de 140 millones de euros.


En total, tres Ligas (2001, 2003 y 2012), dos Copas del Rey (2011 y 2014) y dos Champions League (2002 y 2014), una Copa Intercontinental (2002), un Mundial de Clubes (2014), dos Supercopas de Europa (2002 y 2014) y 3 Supercopas de España (2001, 2003 y 2012). 

Sin embargo, casi la mitad de las temporadas (cinco) se han cerrado en blanco y si analizamos los títulos cosechados en la última década, la diferencia con otros equipos es notoria y con el gran rival, sencillamente abismal.

Su labor como Presidente está amparada básicamente por su faceta empresarial y en una única obsesión: lo económico. 

Y no seré yo quien le niegue su mérito. Su gestión económica es excelente pero no así su gestión humana, que es, cuando menos, nula o inexistente.


Su labor al frente del club evidencia un deficiente liderazgo deportivo que:
  • no cuenta con una estrategia ni proyecto deportivo claro a medio plazo.
  • no cuenta con la figura imprescindible de un director deportivo (que sepa de fútbol).
  • no cuenta con un entrenador estable en el tiempo (9 en 12 temporadas).
  • no cuenta con la promoción de una cantera de confianza (que lo es).
  • no cuenta con un nutrido grupo de ex-jugadores (a quienes denigra u olvida). 
  • realiza fichajes desorbitados, caros y, en ocasiones, innecesarios.
  • realiza presentaciones vertiginosas (y se olvida de los homenajes). 
  • realiza indemnizaciones por despidos improcedentes y caprichosos.
Un  liderazgo autoritario y unilateral que:

  • sólo informa y cuando no hay otro remedio.
  • sólo decide y demanda a base de talonario.
  • no es consultivo ni participativo.
  • no es capaz de delegar ni trabajar en equipo.
  • no tiene credibilidad interna ni externa.
  • tiene como su palabra más importante: Yo.
  • tiene como su palabra menos importante: Nosotros.
  • tiene un organigrama centralizado, donde no se delegan funciones.
  • no es eficiente (logro de objetivos en menor tiempo y con menos recursos).
Un liderazgo unipersonal de poder que:
  • no ejerce influencia, sino que ordena para que se cumplan sus objetivos.
  • que no alberga intención de escuchar.
  • que no busca "feedback" con los socios, quienes se sienten "ninguneados".
  • que no aprende de errores pasados.
  • que rara vez explica las estrategias a seguir.
  • que no comparte información con los socios ni comunica la visión.
  • que no toma decisiones consensuadas.
  • que sólo consigue obediencia voluntaria pero no respeta al socio.
  • que no conoce a su masa social, ni busca su bienestar ni se preocupa por ella.



"Lo siento Sr. Presidente, pero algunos pensamos 

que en el mundo, no todo es el dinero".


Un madridista

domingo, 16 de agosto de 2015

EN LA MILI, APRENDIMOS A...




En España, el servicio militar obligatorio fue suspendido por el gobierno popular de José María Aznar a finales del año 2001,tras 4 siglos de existencia ininterrumpida. "Suspendido, y no suprimido", porque no se puede suprimir el servicio militar sin modificar antes la Constitución en su artículo 30; "los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España, que la ley fijará las obligaciones militares de los españoles...".

Eran años de boom económico donde se pensó que un ejército profesional bien equipado sería mucho más eficiente y adecuado que una gran masa de reclutas mal preparados y pertrechados en cuarteles durante un año.

Yo sí hice el servicio militar en 1986. Fue en la Policía Militar de Valencia y la verdad es que lo echo de menos. Y no porque lo pasará genial (todo lo contrario) o porque yo sea belicista (todo lo contrario) ni porque lo crea necesario, sino porque para mí y para muchos jóvenes españoles fue un punto de inflexión en nuestras vidas. 

Con nuestra “mili”:

Aprendimos a convivir con personas de todas las condiciones sociales, de todas las formas de ser, costumbres y mentalidades, de todos los rincones de España. 

Aprendimos lo que supone la movilidad geográfica: aparte de un “cambio de aires”, la necesidad de administrarse en tiempo y dinero.

Aprendimos (algunos) a leer y a escribir,  a sacarnos el carnet de conducir, a recibir pautas y cumplir obligaciones (barrer, fregar, hacer la cama...) y  atenernos a horarios. 

Aprendimos a realizar trabajos, a veces penosos, a veces ingratos, casi siempre inútiles y que nunca realizaríamos en condiciones "normales", en nuestros lugares de origen. 

Aprendimos a obedecer sin tener que pensar ni discutir las razones, para luego saber obedecer y saber mandar en la vida civil.

Aprendimos a espabilarnos, a ser avispados, a beber botellines en lugar de ir de botellón, a hablar de "chicas" y de fútbol, a pasar de la juventud a la madurez, a pasar de ser unos críos a ser hombres.

Aprendimos a valorar lo que teníamos en casa, a apreciar y querer a nuestros padres y hermanos, a ser solidarios con el compañero que no daba más de sí, que se confundía en el paso, que no era capaz de seguir al grupo, aprendimos a enseñarle y a que lo superara.

Aprendimos el valor de la disciplina, el compromiso y la autoridad como principios necesarios para vivir una vida de provecho.

Aprendimos el significado del rigor y la puntualidad de los actos, de las normas y las órdenes de los mandos (aunque casi nunca fueran justas) para ingresar en una sociedad que valoraba esas cuestiones. 

Aprendimos la importancia de la amistad y del compañerismo, de la camaradería y la lealtad como elemento cohesionador, sin importarnos ideología, religión, sitio de procedencia, color de la piel, estado social, etc. del que dormía a nuestro lado.

Aprendimos a cumplir y a hacer cumplir la ley, a velar por acatar las normas, a priorizar el honor y la nobleza, la dignidad y el respeto en todos los órdenes de la vida.

Aprendimos a vivir multitud de anécdotas, de historias, de curiosidades, de vivencias para, algún día, poder compartirlas con nuestros nietos.

Aprendimos a usar las armas como última solución. Pero lo importante para mí no era lo bélico, sino que todo lo demás que aprendimos funcionara cuando volviéramos a casa y que nos fuera útil para el resto de nuestras vidas.

Y digo aprendimos...por qué la cuestión definitiva y clave es...

¿dónde se aprende hoy todo eso? 

Ya os digo que en casa, no; y en el colegio, tampoco.