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domingo, 16 de agosto de 2015

EN LA MILI, APRENDIMOS A...




En España, el servicio militar obligatorio fue suspendido por el gobierno popular de José María Aznar a finales del año 2001,tras 4 siglos de existencia ininterrumpida. "Suspendido, y no suprimido", porque no se puede suprimir el servicio militar sin modificar antes la Constitución en su artículo 30; "los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España, que la ley fijará las obligaciones militares de los españoles...".

Eran años de boom económico donde se pensó que un ejército profesional bien equipado sería mucho más eficiente y adecuado que una gran masa de reclutas mal preparados y pertrechados en cuarteles durante un año.

Yo sí hice el servicio militar en 1986. Fue en la Policía Militar de Valencia y la verdad es que lo echo de menos. Y no porque lo pasará genial (todo lo contrario) o porque yo sea belicista (todo lo contrario) ni porque lo crea necesario, sino porque para mí y para muchos jóvenes españoles fue un punto de inflexión en nuestras vidas. 

Con nuestra “mili”:

Aprendimos a convivir con personas de todas las condiciones sociales, de todas las formas de ser, costumbres y mentalidades, de todos los rincones de España. 

Aprendimos lo que supone la movilidad geográfica: aparte de un “cambio de aires”, la necesidad de administrarse en tiempo y dinero.

Aprendimos (algunos) a leer y a escribir,  a sacarnos el carnet de conducir, a recibir pautas y cumplir obligaciones (barrer, fregar, hacer la cama...) y  atenernos a horarios. 

Aprendimos a realizar trabajos, a veces penosos, a veces ingratos, casi siempre inútiles y que nunca realizaríamos en condiciones "normales", en nuestros lugares de origen. 

Aprendimos a obedecer sin tener que pensar ni discutir las razones, para luego saber obedecer y saber mandar en la vida civil.

Aprendimos a espabilarnos, a ser avispados, a beber botellines en lugar de ir de botellón, a hablar de "chicas" y de fútbol, a pasar de la juventud a la madurez, a pasar de ser unos críos a ser hombres.

Aprendimos a valorar lo que teníamos en casa, a apreciar y querer a nuestros padres y hermanos, a ser solidarios con el compañero que no daba más de sí, que se confundía en el paso, que no era capaz de seguir al grupo, aprendimos a enseñarle y a que lo superara.

Aprendimos el valor de la disciplina, el compromiso y la autoridad como principios necesarios para vivir una vida de provecho.

Aprendimos el significado del rigor y la puntualidad de los actos, de las normas y las órdenes de los mandos (aunque casi nunca fueran justas) para ingresar en una sociedad que valoraba esas cuestiones. 

Aprendimos la importancia de la amistad y del compañerismo, de la camaradería y la lealtad como elemento cohesionador, sin importarnos ideología, religión, sitio de procedencia, color de la piel, estado social, etc. del que dormía a nuestro lado.

Aprendimos a cumplir y a hacer cumplir la ley, a velar por acatar las normas, a priorizar el honor y la nobleza, la dignidad y el respeto en todos los órdenes de la vida.

Aprendimos a vivir multitud de anécdotas, de historias, de curiosidades, de vivencias para, algún día, poder compartirlas con nuestros nietos.

Aprendimos a usar las armas como última solución. Pero lo importante para mí no era lo bélico, sino que todo lo demás que aprendimos funcionara cuando volviéramos a casa y que nos fuera útil para el resto de nuestras vidas.

Y digo aprendimos...por qué la cuestión definitiva y clave es...

¿dónde se aprende hoy todo eso? 

Ya os digo que en casa, no; y en el colegio, tampoco.




lunes, 18 de noviembre de 2013

VESTIR CORRECTAMENTE









MODAHOMBRES1912 300x223 Los 10 impuestos más absurdos del mundo


Como apasionado de la elegancia y del buen gusto, a menudo leo y sigo, con interés, blogs y revistas de moda masculina. La gran mayoría de ellos no son capaces de establecer la frontera entre lo correcto y "lo que se lleva", entre vestirse adecuadamente y "arroparse".

Atrás quedaron los años donde la existencia de unas normas no escritas marcaban claramente cuando se estaba vistiendo correctamente y cuando no. 

Desgraciadamente, hoy vivimos un momento en el que la ausencia de normas es un hábito común y el vestir no es una excepción.

Se puede ser atrevido y transgresor y no por ello, hacer el ridículo. Sin embargo, hemos pasado del más tradicional estilo británico, símbolo de gran distinción, gusto y status social a un estilo "trendy" absurdo, ridículo y extravagante, donde todo vale.

Vestirte adecuadamente lleva su tiempo, no sólo se trata de elegir lo que ponerse en vez de coger lo primero del armario y "a oscuras".  Se trata de saber dónde vamos para no caer en el ridículo. Y también de ir bien aseado y perfectamente combinado para gustar a los demás. Cuando veas a un hombre bien vestido, debes darle su justa importancia y respeto por su atuendo, ya que se ha tomado su tiempo y preocupación para ser agradable a los demás.

Muchos hombres creen que comprando ropa de marca compran la elegancia. El buen gusto no tiene nada que ver con el dinero, sino con el equilibrio entre nuestro interior y el exterior. Por ello, llevar un atuendo de una importante firma no significa que vayas bien vestido ni pensar que el precio justifica desentonar, ya sea en una boda o en un evento con protocolo. 

Es mucho más fascinante, digno de respeto y admiración el hecho de fijar la mirada en hombres impecables, con un estilo particular, equilibrado e intemporal, que pasean por la calle que seguir lo que en las pasarelas nos muestran algunos diseñadores, donde llamar la atención de forma grotesca significa ser noticia o un gran innovador. 

 

 sobriedad vs. extravagancia






A la hora de elegir nuestro atuendo, es importante saber dónde iremos y a quien encontraremos. No es de recibo que, por ejemplo, en una boda, los invitados vistan de sport, con jeans o camisetas. Nadie puede justificar ir "a su aire" si los novios han indicado el dress code en la invitación, pues se convierte en un desaire.

Como tampoco es correcto, en las entregas de premios, ver cómo algunos "snobs" pretenden estar por encima de toda regla del buen vestir y del exquisito comportamiento, vistiendo de cualquier manera, escudándose en el hecho de visten de marca o que desean expresar "su rebeldía" o ser "más trasgresores" que el resto de los mortales.  

Si desconocemos el dress code del evento, tenemos la obligación de estar informados sobre cuál es el correcto, según la ocasión, pues todos sabemos que la ignorancia es muy atrevida pero no exenta de ridículo. 

Lo grotesco es presentarse a una gala con cualquier atuendo sin seguir unas mínimas normas del vestir, y lo peor de todo es pretender atesorar el derecho fundamental a "vestir de cualquier forma" como símbolo de libertad individual, a lo que más bien, habría que denominar "anarquía" o "ridículez".

Nadie debería acudir a ningún lugar donde las normas que lo rigen choquen frontalmente con sus principios y no sean capaces de aceptarlas. Es preferible no asistir a "dar la nota".

Aranoa muestra un "No a la guerra" tras recibir el Goya por 'Los lunes al sol' (2003). | El MundoMuchos se visten para que los demás hablen, aunque sea mal. Es un grave error, pues se convierten en noticia efímera y lo que sí perdura en el tiempo es su mal gusto.

Y por supuesto, cuidar el aso personal, llevar un buen corte de cabello, escrupulosamente lavado y peinado, cuidar tu rostro y que vayas bien afeitado, con las manos cuidadas, uñas limpias y bien cortadas, el perfume, y los zapatos bien limpios, es tan importante como la ropa que eliges.

En esta misma línea, creo firmemente que una de las características de la elegancia pasa por no llamar la atención, o dicho de otra manera, que lo llamativo sea la discreción y el buen gusto, tanto en la manera de vestir como en la forma de actuar.
   

 "Elegancia es cuando el interior es tan bonito como el exterior", Coco Chanel 
"La elegancia es la única belleza que nunca se desvanece", Audrey Hepbrun




Artículo escrito por Alberto Mestre en el blog:" Trajes de Novio CMoyano".


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