miércoles, 22 de julio de 2015

EL COMPLEJO DE LA DERECHA ESPAÑOLA


La opción política de derechas se fundamenta en la defensa de la propiedad y la libertad, de la ley y el Estado de Derecho, la unidad y sus símbolos y las instituciones, el respeto a la tradición y el culto a la historia común, de la libertad religiosa, del derecho a la vida, los fundamentos judeocristianos, culturales y de civilización, libertad económica y guerra a la fiscalidad abusiva, fin del despilfarro y racionalización de la administración y territorialidad, defensa de la libertad de educación y de los derechos inalienables del individuo y un compromiso inequívoco en la defensa occidental. 

Sin embargo, en España nadie quiere o reconoce ser de derechas. Encontrar en nuestro país una persona que reconozca abiertamente ser de derechas es harto complicado. 

Todos dicen identificarse con una posición ideológica de centro, conclusión del todo absurda porque el centro ideológico no existe. Pero ¿por qué?

La primera causa y principal, que no se plantea en ningún otro país del mundo, es el complejo del franquismo, que mantiene paralizada a la derecha, es decir, el tópico de que los de derechas son todos unos "fachas". Quizás por ello, las personas privadas o públicas con ideología "de derechas" creen necesario disculparse por cada defensa de cualquier acción, idea o principios. 

Un complejo derivado del anterior es el del patriotismo. La unidad de España, su bandera y su himno han quedado relegados a las competiciones deportivas. Ser patriota es ser un fascista; ser español, un pecado.

Existe otro muchos complejos de los liberal-conservadores españoles es el de torpeza a la hora de "vender", comunicar o transmitir su ideario y sus principios. La astuta y mediática izquierda ha elaborado el propio ideario programático liberal, sin que la derecha haya sido capaz de reaccionar ni de rebatirlo: dogmáticos y puritanos, anti-demócratas y anti-liberales, reaccionarios y autoritarios, liberales y caciques, totalitarios y contrarrevolucionarios, enemigos del bienestar general y social, serviles al imperialismo, ciegos ante el terrorismo, proclives a la guerra, manipuladores de la justicia, defensores de la educación elitista y religiosa, etc.


Los principios y valores que tradicionalmente han diferenciado a la derecha social en España se han despreciado y aparecen marcados como «rémoras del pasado» para el ideal de postmodernidad actual: la libertad económica, la iniciativa privada, la meritocracia, la justicia social, etc. La izquierda ha expulsado a la derecha del pensamiento liberal y la derecha se "ha dejado expulsar".

Otro complejo es el de la incapacidad de movilización de las bases del centro derecha español: siempre que intenta organizar una manifestación, le sale una procesión; siempre que intenta un cambio de dirección progresista, le sale un "paripé" forzado; siempre que intenta proponer el "voto del miedo", le sale el "tiro por la culata". 

El español de derechas prefiere protestar en la intimidad antes que salir a la calle a defender sus derechos.

Otro es el complejo religioso. A diferencia de la progresiva reconstrucción del lugar político y moral de la Iglesia (católica, ortodoxa, luterana) en el Viejo Continente (Italia, Polonia, Grecia, Alemania, e incluso de la laicista Francia), o de papel genético de la fe en la democracia norteamericana, en España se ha excluido la fe de la vida pública y de la decisión política. El miedo ante el ataque laicista, el olvido de nuestras seculares tradiciones, la aceptación del relativismo moral, la sumisión a la prédica agnóstica, son algunas manifestaciones del actual "horizonte histórico" hispano, que niega el constructivo diálogo entre fe y razón, entre tradición y libertad, entre ateos y creyentes. La fe ha sido encerrada al "espacio interior", a la vida privada, a la mazmorra de las "ideologías" personales.

Y por último el complejo cultural. La izquierda se ha apropiado de la cultura en España: universidad, cine, teatro, televisión, etc., ámbitos donde promulgar sus principios, mientras que a la derecha le ha faltado esa clase media de intelectuales y funcionarios de la cultura que abundan en la izquierda.

La derecha española, con un único representante ideológico en el espectro político nacional hasta ahora, parece haber interiorizado esa falsa superioridad moral y cultural de la izquierda, y se muestra incapaz de hacerla frente, de rebatirla, denunciarla o desenmascararla




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