viernes, 28 de agosto de 2015

UN MATRIMONIO FELIZ


"El matrimonio feliz consiste en enamorarse muchas veces de la misma persona".
Mignon McLaughlin


El Papa Francisco dice que "no existe matrimonio perfecto, ni familia perfecta ni padres perfectos, ni hijos perfectos. Todos tenemos quejas y decepciones y por ello es necesario el ejercicio del perdón.  Sin el perdón la familia se enferma. El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios. El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente. Es por eso que la familia tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad."

A menudo echando un vistazo a nuestro alrededor vislumbramos el gran mal del mundo actual: parejas destrozadas, matrimonios hundidos y familias rotas. Vivimos en la época de la obsolescencia programada en la que lo que no funciona se tira, se cambia y se reemplaza. Es el tiempo del matrimonio de yo, donde dos personas han de satisfacer por separado las expectativas de cada uno, viven juntos pero se comportan de forma individual, es el matrimonio del egoísmo.

Lo peor de todo es que muchos de ellos piensan que, cuando surgen los problemas (porque surjen) separarse es el remedio, que el divorcio es una solución, cuando en realidad se trata de un  mal, de un fracaso. 

Es un mal porque no restaura sino que reprocha, es un mal porque no beneficia a nadie, es un mal porque no sana sino enferma. Es un fracaso de vida porque sólo tenemos una, es un fracaso de libertad porque nadie está obligado a casarse, es un fracaso de sentido común porque buscamos motivos que nos desunen en lugar de buscar los que nos unen, es un fracaso de compromiso porque no mantenemos nuestra palabra... 

Groucho Marx decía que "El matrimonio es la principal causa de divorcio." y es cierto: para separarse, antes hay que estar unido. El secreto del matrimonio está en la unión; una unión no sólo contractual, social o física, sino una unión espiritual, de fe y de confianza.

Algunos fuimos educados de una forma en la que cuando algo no funciona o se rompe, no se tira a la basura, intentamos arreglarlo, lo que no implica que sea fácil. Se empieza con la teoría, que es el enamoramiento y se sigue con la práctica que es la convivencia.

Yo sigo casado con mi mujer después de 30 años de convivencia (26 casados y 4 de novios). 

El único mérito que encuentro a mi matrimonio es la perseverancia de pensar cada día las razones que me motivaron un día a unirme a ella, a confiarla mi vida, a tener fe en ella y como consecuencia, a amarla

Mis preguntas claves son: lo qué vi un día ¿soy capaz de seguir viéndolo ahora? ¿amo para ser amado?¿perdono para ser perdonado? más que pensar si ella es la persona correcta ¿soy yo la persona correcta?

Desde mi punto de vista, una de las razones para un matrimonio duradero es la capacidad de sorprender al otro. La sorpresa se consigue mediante el sentido del humor y la alegría y son las defensas ante la rutina y el aburrimiento. Y para eso hace falta fuerza de voluntad porque la sorpresa y la alegría no vienen por inspiración divina; es necesario trabajarlas.

Otra es, sin duda, "caminar juntos de la mano, uno al lado del otro". Cuando uno va un paso delante y otro, uno detrás, el matrimonio no "anda" bien. Cuando uno antepone su "yo" al "nosotros" se cruza la frontera que va del amor al egoísmo. Y el egoísmo es incompatible con la convivencia.

Otra es luchar contra la falsa creencia que cada uno debe poner el 50% para que la "cosa funcione". Error!!!! Cada uno debe poner el 100% para que el matrimonio funcione.

Otra, muy importante, es caer en la cuenta de que el verdadero amor no se encuentra, se construye. Es un quehacer diario, como respirar, ducharse, comer o dormir. El matrimonio no siempre es un camino de rosas, no es siempre un brillo del sol. 

El matrimonio es compartir el paraguas y sobrevivir juntos a la tormenta. Es un continuo agradecer en lugar de un continuo quejar, un incesante sonreír en lugar de un perpetuo enfado, un eterno amar en lugar de un constante odiar. 

Y la última es que un matrimonio feliz es cosa de tres: tu pareja, tú y Dios.





-Dedicado a mi querida mujer, en nuestro vigésimo sexto aniversario de bodas-











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