sábado, 11 de enero de 2014

NO TE QUEJES, ACTÚA



"La botella SIEMPRE está llena: una mitad, de liquido y la otra, de aire"



Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos.”

Thomas Carlyle


¿Pueden sacarnos los políticos o los bancos de la crisis? ¿Alguien se cree que cualquier lunes de éstos, saldrá el presidente del gobierno a decirnos: "La crisis ha pasado"? o ¿estamos esperando a que las cosas vuelvan a ser como hace unos años, donde las distintas burbujas nos hicieron soñar con que eramos el ombligo del mundo?

Los españoles tenemos todo lo que se necesita para triunfar, no esperemos que los políticos y banqueros nos arreglen los problemas, hasta ahora lo único que han hecho ha sido crearlos.

No podemos tener un cambio a mejor si no nos levantamos y decimos: '¡Esto no funciona!'. Al fin y al cabo, eso es lo que hicieron Martin Luther King o Nelson Mandela".


La quejaDe lo que más se queja la gente, en general, es de "la mala suerte o el destino", seguido de los "achaques" y de "lo que ha empeorado el país". Después vienen los cónyuges, y a continuación el mal tiempo, los políticos, el coste de la vida, la corrupción y la televisión.

En el origen de toda queja late la sensación de que las cosas no son como deberían ser. Quejarse es denunciarlo, y podemos hacerlo de muchas formas: con irritación, agresivamente, con calma, sin motivo, de una forma inútil o de una forma constructiva.

Lo más fácil es expresar la frustración y la insatisfacción: no estás contento, te indignas... El propio Martin Luther King dijo aquello de "Liberaos de vuestro descontento". Pero con eso no basta, está claro. Hay que canalizar el descontento o todo seguirá igual. Quejarse es bueno... siempre y cuando venga acompañado de una acción positiva. 

Es preciso distinguir las "buenas quejas" de las "quejas erróneas", que suelen ser las que se pierden en generalidades y no van al grano. O las que están "mal canalizadas" y no alcanzan su objetivo. O las "imposibles"que se estrellan contra el muro implacable de la realidad.

La cultura de la queja

En nuestro país vivimos instalados en la "cultura de la queja" implantada por nuestro propio "derrotismo" y de nuestro salto continuo del "todo a la nada" y viceversa. 

Nos quejamos por las cosas más nimias y recurrimos al "debate en el bar" por sistema, pero no hacemos nada más, esperando que las cosas se arreglen por sí solas. Nos quejamos del gobierno y cada cuatro años votamos a los mismos, "como corderos al matadero". Nos quejamos y culpamos a otros, para que no nos culpen a nosotros. 

Así es como funciona mucha gente en España, y todo esto acaba socavando las relaciones humanas, provocando una desconfianza mutua, una desilusión generalizada y lo más grave, demostrando una inacción que resulta estéril e inútil y que anima a los más hábiles a sacar partido.


La cultura de la queja tiende a engrandecer la más mínima adversidad y a transformarla en una forma de victimismo.



Vivir instalados en la queja resulta cómodo, incluso útil. No en vano, cuando nos quejamos buscamos que otros se encarguen de solucionar nuestros problemas. Pero también nos incapacita. Nos lleva a estancarnos en el problema, en vez de llevarnos a construir la solución necesaria. Y a fijarnos exclusivamente en lo negativo de la situación, en vez de valorar las alternativas que se abren ante nosotros. Poco a poco, nos inmunizamos contra la responsabilidad y delegamos en los demás la búsqueda de soluciones, lo que nos lleva a un callejón sin salida y aumenta nuestra frustración y malestar, quedando a merced de quienes sí entran en acción.


Volvamos, sin embargo, al terreno de la "queja reivindicativa" y a la protesta de los "indignados" y del movimiento "Occupy". El mensaje ha llegado sin duda a la sociedad y a los políticos. Pero falta un plan de acción

Está muy bien fijarse como meta que  no haya más desahucios, que la pobreza pase a la historia o que haya menos desigualdad económica. ¿Pero cómo lograrlo? No se puede pasar por alto la complejidad de los problemas, ni dejarnos las energías en quejas genéricas. Se convierten en titular de un día en la prensa y son archivados en el olvido, al día siguiente. Los políticos sí han reaccionado, han legislado para protegerse, han tomado medidas para seguir "haciendo carrera" sin riesgo de perder el sillón, se han "blindado" ante la ciudadanía. ¿Y nosotros...? ¿seguimos quejándonos al viento?

¿Cómo hacer pues que una queja funcione? Las "buenas quejas" tienen que ser específicas y proporcionadas. Si no, pueden quedarse en lamentos generalizados e inútiles, dirigidos no se sabe muy bien contra quién. Otras veces, el problema es su envergadura: son totalmente desproporcionadas y no están a nuestro alcance. Por ejemplo, en vez que quejarse contra el capitalismo o contra la crisis sin más, tiene más sentido reclamar cambios para que los ricos y las multinacionales no puedan eludir impuestos. Buscar leyes contra la corrupción política. O se pueden pedir más ventajas fiscales y comerciales para los autónomos, o impulsar una economía emprendedora en lugar de subvencionar la inactividad.


Tenemos que aprender a dejar de reaccionar con quejas que no nos llevan a ningún sitio, el que yo te diga un sinfín de veces algo que haces mal o lo que no me gusta de ti, no te hará cambiar ni soluciona absolutamente nada; el que yo me queje de un jefe, banquero o político y sólo me mantenga en esa queja continua, da el mismo resultado. Esto significa ser reactivo, vivir en la queja, reaccionando por impulso y sin resultados positivos.


Sin embargo, ser proactivo es ponernos, conscientemente a buscar lo que sí puede hacerse y sirve para no quedarnos estancados y sí buscar las oportunidades que puedan encontrarse para mejorar.



Sí, estamos en una terrible crisis, pero más allá de instalarnos eternamente en ella, debemos buscar posibilidades y soluciones. Si tenemos problemas en nuestra pareja, en vez de buscar culpabilidades, debemos preguntar y negociar. Si no vendemos nuestros productos en nuestro negocio, en lugar de justificar y excusar nuestro fracaso, debemos preguntarnos si estamos ofreciendo lo que nos piden y en qué aspectos podríamos mejorar. Estos planteamientos podrían ayudarnos a generar un cambio en nuestros resultados.

La gente con éxito es, necesariamente, proactiva, saca ventaja de las circunstancias en contra, aprende de todo y reacciona buscando soluciones. 


Todas las luchas comienzan por una queja

Entrando ya en el terreno de la "queja imposible", recordemos la oración para la serenidad del teólogo norteamericano Reinhold Niebuhr: "Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, y la sabiduría para distinguir entre ambas".

Como contrapunto, los lemas al estilo de "Lo imposible nos llevará un poco más de tiempo", de George Santayana. 

Todo eso está bien como inspiración y pensamiento positivo, pero no nos llevan a ningún resultado concreto. En un mundo imperfecto como el que vivimos, el mensaje debería ser: "Quéjate de aquello que realmente puedas cambiar".

La queja, en todo caso, es un acto secular, universal y humanista. Así es como se ha forjado muchas veces el progreso social: todas las luchas comienzan por una queja.















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